José Luis Rodríguez Zapatero ha vuelto a Venezuela. No es la primera vez. Tampoco será la última. Pero este último viaje, envuelto en la coartada de la “amnistía” y la supuesta liberación de presos políticos, no es más que el último capítulo de una larga trayectoria de connivencia con uno de los regímenes más oscuros y represivos del mundo hispano.
Nos quieren vender ahora a Zapatero como un hombre de paz, como un mediador imprescindible, como una suerte de salvador de presos políticos. Quieren construirle una biografía heroica, casi martirial, para blindarlo ante lo que está por venir: investigaciones, responsabilidades políticas e incluso judiciales tanto en España como fuera de nuestras fronteras.
Pero la realidad es otra. Y conviene recordarla.
EL VIAJE: UNA OPERACIÓN DE BLANQUEO EN TODA REGLa
Zapatero ha regresado a Caracas para respaldar la llamada ley de amnistía impulsada por el chavismo, participando en reuniones con figuras clave del régimen como Jorge Rodríguez.
El relato oficial habla de reconciliación, de convivencia, de liberación de presos. Incluso se difunden cifras grandilocuentes de miles de excarcelados.
Pero la realidad que denuncian organizaciones independientes es muy distinta: procesos opacos, exclusiones arbitrarias y cientos de presos políticos que siguen entre rejas.
Es decir, una operación de propaganda.
Y Zapatero, una vez más, está en el centro de la escena.
DIEZ AÑOS AL SERVICIO DEL CHAVISMO
No estamos ante un episodio aislado. Zapatero lleva más de una década implicado en Venezuela como supuesto mediador.
Desde 2014, en plena represión del régimen chavista, ha ejercido como facilitador de diálogo entre un poder autoritario y una oposición sistemáticamente perseguida.
¿El resultado?
Elecciones cuestionadas
Oposición fragmentada
Represión continuada
Y una dictadura que ha ganado tiempo y legitimidad internacional
Zapatero no ha sido un árbitro neutral. Ha sido —de facto— un actor útil para el régimen.
LOS PRESOS POLÍTICOS: LA GRAN FARSA
Mientras se escenifican liberaciones, la realidad es demoledora:
Más de 500 presos políticos siguen encarcelados según denuncias independientes, y posiblemente sean muchos más.
Detenciones arbitrarias, desapariciones forzadas y acusaciones de “terrorismo” siguen siendo habituales.
Muchos liberados vuelven a ser detenidos o permanecen bajo control judicial.
Es decir: no hay justicia, hay propaganda.
Y en ese teatro, Zapatero aparece como legitimador internacional.
EL NEGOCIO INTERNACIONAL: VENEZUELA, CHINA Y MARRUECOS







