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Acto político de Sumar con varias personas sentadas en una mesa frente a un público en una sala de reuniones
OPINIÓN

La izquierda a la izquierda del PSOE: crónica de una extinción anunciada

La opinión de Javier García Isac de hoy, lunes 2 de marzo de 2026

La izquierda española a la izquierda del Partido Socialista vive hoy su particular travesía del desierto. Y no porque haya sido reprimida o marginada, sino porque ha sido engullida. Devorada. Absorbida por un Partido Socialista que, en su deriva sanchista, se ha polinizado ideológicamente hasta ocupar todo el espacio que antes habitaban las distintas “sopas de letras” de la extrema izquierda.

El resultado es paradójico: cuanto más irrelevantes son electoralmente, cuanto más cerca están de la extinción política, más estridentes, más agresivos y más peligrosos se vuelven.

Porque cuando la izquierda radical pierde el poder institucional, intenta recuperar influencia a través de la agitación. Y eso es exactamente lo que estamos viendo.

El PSOE los fagocitó, y los dejó sin discurso

Desde la llegada de Pedro Sánchez a La Moncloa tras la moción de censura de 2018, el PSOE no solo asumió buena parte del lenguaje y las consignas de Podemos; directamente las incorporó al BOE.

Lo que antes era radicalidad marginal pasó a ser política de Estado. Lo que antes eran ocurrencias de tertulia se convirtieron en leyes.

La consecuencia es evidente: si el PSOE aprueba la agenda ideológica de la izquierda radical, ¿para qué sirve esa izquierda radical?

El Partido Socialista ha ocupado el espacio del feminismo de pancarta, del ecologismo punitivo, del intervencionismo económico, del revisionismo histórico y de la ingeniería social. Ha asumido su retórica y la ha institucionalizado. Y al hacerlo, ha dejado a su izquierda sin bandera propia.

Podemos fue el primer sacrificado. Después vino el experimento de Sumar. Ahora asistimos a la fragmentación final.

Pero cuidado: la irrelevancia no los vuelve inocuos. Los vuelve resentidos.

Yolanda Díaz y el espejismo de Sumar

Cuando Yolanda Díaz lanzó Sumar, pretendía vendernos una nueva izquierda amable, dialogante, sofisticada. Una especie de rebranding del viejo radicalismo podemita, pero con sonrisa institucional y tono tecnocrático.

Pero el barniz no tapa el vacío.

Yolanda Díaz nunca fue un liderazgo natural. Fue una designación. Un relevo pactado tras la huida estratégica de Pablo Iglesias. No emergió de la sociedad civil ni de una demanda social, sino de una ingeniería interna.

Sumar nació como marca blanca de un proyecto agotado. Y lo que es peor: nació ya subordinado al PSOE.

Porque la izquierda a la izquierda del PSOE cometió el error estratégico más grave posible: convertirse en socio fiel y acrítico del sanchismo.

Apoyaron cada presupuesto. Respaldaron cada escándalo. Callaron ante cada cesión. Miraron hacia otro lado ante cada atropello institucional.

Ni siquiera en el giro sobre el Sáhara Occidental rompieron filas. Ni siquiera cuando se cedió ante Marruecos. Ni siquiera ante las decisiones que contradecían su discurso tradicional de autodeterminación.

Prefirieron seguir en el coche oficial.

Y hoy, cuando intentan presentarse como alternativa, nadie les cree.

De la indignación al meme

Lo más preocupante no es solo su irrelevancia política. Es el nivel intelectual.

El debate público de esta izquierda se ha convertido en una sucesión de memes, consignas vacías y apelaciones caricaturescas al “fascismo”, a “Franco”, a “Abascal” y a la “ultraderecha”.

No hay proyecto económico serio. No hay propuesta institucional solvente. No hay modelo alternativo de país.

Solo hay antifranquismo compulsivo en 2026.

La movilización permanente contra fantasmas. La apelación al miedo. La etiqueta fácil.

Mónica García representa ese problema. Mucho ruido ideológico y poca profundidad estructural. Irene Montero encarnó el maximalismo legislativo sin medir consecuencias jurídicas. Ione Belarra convirtió el sectarismo en identidad política.

Y ahora pretenden reconstruir una alternativa sobre los restos de su propia incoherencia.

No convencen porque gobernaron. No ilusionan porque gestionaron. No lideran porque fueron comparsa.

La fantasía de un nuevo líder

Ante la falta de referentes, algunos sectores fantasean incluso con que un perfil como Gabriel Rufián pueda convertirse en referencia estatal de la izquierda.

El simple hecho de que se plantee semejante hipótesis demuestra el nivel de orfandad ideológica.

Un independentista como posible líder de la izquierda española estatal. Es casi un chiste político. Pero revela algo más profundo: no hay cantera. No hay referentes nacionales con carisma y discurso vertebrador.

La izquierda radical española no encuentra líder porque su proyecto no es creíble.

El error irreparable: blanquear al sanchismo

Si hoy esta izquierda está en vía de extinción no es porque el sistema la haya marginado. Es porque eligió ser muleta del poder.

Respaldaron al Gobierno en los momentos más polémicos. Apoyaron sus alianzas. Validaron sus cesiones. Guardaron silencio ante sus contradicciones.

Si el sanchismo ha consolidado su modelo de poder es, en parte, gracias a esa izquierda.

Y ahora que pretenden marcar distancias, llegan tarde.

Porque cuando renuncias a ser alternativa y eliges ser socio subordinado, te conviertes en responsable del resultado.

Cuanto más débiles, más peligrosos

La historia enseña que los movimientos en declive tienden a radicalizarse. Y eso es lo que estamos viendo.

Sin espacio electoral propio. Sin liderazgo claro. Sin discurso renovado.

Solo les queda la agitación.

La apelación a la emergencia democrática. La sobreactuación antifascista. El conflicto permanente como única estrategia de supervivencia.

Pero eso no construye país. Solo genera ruido.

Sin credibilidad, sin futuro

La izquierda a la izquierda del PSOE ha sido devorada por el propio PSOE.

Ha sido absorbida ideológicamente, desactivada estratégicamente y neutralizada electoralmente.

Y lo peor para ellos es que fueron cómplices voluntarios.

No pueden presentarse ahora como regeneradores quienes respaldaron el modelo que dicen querer superar.

No pueden hablar de alternativa quienes callaron cuando más debían hablar.

No pueden fingir indignación quienes votaron cada decisión.

La izquierda radical española da hoy una mezcla de pena política y agotamiento histórico.

No porque el debate ideológico esté cerrado. Sino porque eligieron perderlo ellos mismos.

Y mientras no asuman ese error, seguirán atrapados en el mismo círculo: ruido, victimismo, consignas recicladas, y cada vez menos apoyo social.

El PSOE se los comió. Y ellos, además, aplaudieron mientras tanto.

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