Otra vez lo mismo. El PSOE vuelve a utilizar una táctica tan vieja como burda: fabricar un relato para intentar tapar los hechos. Según hemos conocido estos días, los socialistas han encargado un “informe” a dos amigos ideológicamente alineados con la izquierda —uno de ellos incluso propuesto por Podemos para el Consejo General del Poder Judicial— para concluir, oh sorpresa, que el PSOE no tuvo financiación ilegal. El resultado estaba escrito antes de empezar. Una tomadura de pelo.
No estamos ante una auditoría independiente ni ante un examen externo y neutral. Estamos ante un informe a la carta, pagado por la parte interesada, diseñado para distraer la atención, para ganar tiempo y, sobre todo, para tranquilizar a la parroquia. Porque fuera de ese núcleo duro de votantes cautivos, ya nadie cree al PSOE.
La pregunta no es qué dicen dos informes de encargo
La pregunta es qué no se explica.
Lo verdaderamente relevante no es que dos personas próximas ideológicamente al socialismo firmen un papel exculpatorio. Lo relevante es de dónde sale tanto dinero en efectivo, por qué se paga en efectivo a dirigentes, a la cúpula y a miembros del Comité Federal; quién entrega ese efectivo, quién lo recibe y cómo se declara —si es que se declara— ese dinero.
Si el PSOE quisiera despejar dudas, haría una auditoría independiente, con profesionales ajenos a la órbita partidista y con acceso total a la documentación. Mejor aún: esperaría y colaboraría sin reservas con el informe de la UCO. Pero eso es justo lo que temen.
Hacienda persigue al ciudadano, y mira a otro lado con el partido del Gobierno
Aquí está el corazón del escándalo. El Ministerio de Hacienda, dirigido por María Jesús Montero, bate récords de recaudación mientras la España real se empobrece. Autónomos asfixiados, pymes acosadas, inspecciones y sanciones como método recaudatorio. Persecución fiscal para el contribuyente honrado.







