Hoy, lunes, la realidad ha atropellado a la propaganda. Un gran apagón ha paralizado España. Gibraltar y Marruecos nos ofrecen ayuda!!, está es la España de Sánchez, la España del Siglo XXI. España sumida en el caos, industrias detenidas, hospitales con generadores de emergencia, comunicaciones interrumpidas. Y mientras tanto, el Gobierno de España, el peor en el peor momento, seguía vendiéndonos humo verde y promesas de una “transición ecológica” que no es más que el barniz ideológico de nuestra ruina.
Llevan años llamándonos “negacionistas” por advertirlo. Nos insultaban por decir que el cierre de las centrales nucleares era un suicidio económico. Nos tildaban de "retrógrados" cuando defendíamos la soberanía energética, la autarquía razonable, la seguridad nacional. Ahora, cuando el desastre se ha consumado, callan o se limitan a balbucear excusas.
El apagón de hoy no es casualidad ni accidente. Es la consecuencia lógica de décadas de políticas suicidas dictadas desde despachos globalistas y aplicadas dócilmente por nuestros títeres nacionales. Es el fruto maduro de la Agenda 2030, de las “cumbres climáticas” financiadas por los mismos que especulan con nuestra miseria, y del fanatismo verde impuesto a golpe de censura y represión.
La pandemia fue el primer ensayo general. Durante meses se ensayó el control social, la obediencia ciega, la disolución de las libertades básicas bajo la excusa de la “emergencia sanitaria”. No era por nuestra salud: era por nuestro sometimiento. Aquellos que entonces ya sabíamos que el virus era la excusa para otra cosa, fuimos ridiculizados, amenazados, silenciados.
Después vino la moda del "kit de supervivencia": tiendas que vendían paneles solares, generadores de gasolina, pastillas potabilizadoras, víveres de emergencia. Una industria entera creció sobre un miedo no explicado del todo, pero cuidadosamente alimentado. ¿Qué esperaban que viniéramos? ¿Qué sabían ellos que no nos decían? Hoy tenemos la respuesta.
Ahora, el Gran Apagón. Un reseteo orquestado. Una sacudida para terminar de romper el mundo que conocíamos y justificar el nuevo orden de escasez, pobreza y dependencia. Porque quien depende para comer, para calentarse, para trabajar, ya no es libre. Nos quieren pobres, asustados, sumisos. Nos quieren zombis energéticos, pidiendo permiso para encender la luz.







