Cada cierto tiempo, la izquierda mediática y cultural en España necesita alimentar su narrativa con nuevas dosis de fantasía. En su obsesión enfermiza por convertir al régimen de Franco en una especie de villano omnipresente, capaz de manejar Eurovisión, el fútbol, las tormentas solares y hasta el precio del petróleo, algunos “intelectuales” nos regalan episodios verdaderamente delirantes. El último, cómo no, nos lo ofrece el diario El País y un documental llamado Lalala, donde se sostiene que la victoria de Massiel en Eurovisión 1968 fue fruto de una oscura maniobra diplomática del régimen franquista. Según estos genios de la conspiración, la victoria no fue por el talento de la artista ni por la calidad de la canción. No. Fue Franco, o mejor dicho, un capricho de Carmen Polo.
Resulta bochornoso que, con los problemas reales que tiene España —corrupción institucional, degradación cultural, imposición ideológica, crisis económica— haya quienes dediquen su tiempo y presupuesto a esta clase de patrañas. Según esta “tesis”, el dictador español habría descolgado el teléfono y llamado a los países europeos para exigir que votaran por Massiel. Sí, así de ridículo. La misma izquierda que presenta a Franco como un déspota aislado internacionalmente, lo convierte aquí en una especie de supervillano con tentáculos en toda Europa, capaz de alterar el resultado de un festival musical… en pleno Reino Unido. ¿En qué quedamos? ¿Estaba aislado o controlaba Eurovisión?
La verdad histórica, sin embargo, es otra. La canción La, la, la, compuesta por Ramón Arcusa y Manuel de la Calva —el Dúo Dinámico— fue un éxito rotundo, que encajaba perfectamente con la sensibilidad de la época y cuya interpretación por parte de Massiel fue impecable. La artista fue llamada a última hora para sustituir a Joan Manuel Serrat, quien había rechazado representar a España si no podía cantar en catalán. Una muestra de hasta qué punto el catalán estaba tan prohibido en el franquismo que a Serrat se le ofreció representar al país sin cortapisas.
Pero claro, la izquierda necesita mantener su discurso victimista. El hecho de que Massiel ganara en Londres frente a la gran favorita, la británica Cliff Richard con Congratulations, no puede tener una explicación lógica, musical o artística. Tiene que ser Franco. El mismo Franco que, según estos revisionistas, también hacía que el Real Madrid ganara Copas de Europa desde su despacho en El Pardo. Y cuando no era Franco, sería Carmen Polo, o algún diplomático del Movimiento que controlaba los votos telefónicos de toda Europa… en 1968.
Todo esto es una falta de respeto, en primer lugar, a la propia Massiel, una artista de enorme talento, que interpretó una canción pegadiza, de ritmo alegre, con una puesta en escena sencilla pero efectiva, que cautivó a Europa. Pero claro, para estos ideólogos de la mentira, una mujer no puede brillar por mérito propio si no es dentro de su relato feminista progre. Massiel, además, cometió el pecado de cantar para España cuando España aún era España.
No solo es un ataque a la artista, sino también un insulto a la inteligencia. Si Franco hubiera sido ese titiritero de festivales que ahora nos pintan, ¿cómo se explica que España quedara en pésimas posiciones en otras ediciones? ¿Por qué no ganamos Eurovisión cada año? ¿Acaso no le apetecía a Carmen Polo?
Por otro lado, resulta curiosa la memoria selectiva de algunos. Nadie dice que Peret, sí, el mismo que luego se apuntó a la ola separatista, representó a España en 1974 con Canta y sé feliz, cuando el régimen aún era plenamente vigente y en medio de una enorme presión internacional por las condenas a muerte de varios terroristas. ¿Fue Franco también quien obligó a Peret a cantar, o ese capítulo ya no interesa?







