Hay fechas que la historia oficial intenta relegar al olvido porque resultan incómodas para determinados relatos. Una de ellas es la visita de Eva Duarte de Perón a España, recibida en Madrid con un entusiasmo popular pocas veces visto. Aquella visita simbolizaba mucho más que el viaje de la esposa del presidente argentino. Representaba el agradecimiento de un pueblo que, en los momentos más difíciles de su historia reciente, encontró en Argentina una mano amiga cuando casi todo el mundo le daba la espalda.
La España de finales de los años cuarenta vivía aislada internacionalmente. Tras la Segunda Guerra Mundial, las potencias vencedoras habían decidido convertir a nuestro país en un paria internacional. El régimen de Franco era sometido a un bloqueo político, diplomático y económico que pretendía provocar su caída. España sufría escasez, dificultades de abastecimiento y una enorme presión exterior.
En aquellos años oscuros hubo una nación hermana que no se sumó al linchamiento internacional. Hubo un país que recordó los lazos históricos, culturales y espirituales que unen a ambos lados del Atlántico. Ese país fue Argentina.
Juan Domingo Perón comprendió que España atravesaba una situación crítica y decidió ayudar. No por interés económico. No por cálculos geopolíticos. Lo hizo por solidaridad con una nación hermana. Argentina suministró alimentos, carne, trigo y créditos en condiciones favorables para aliviar la difícil situación española.
Conviene recordar que aquellos suministros no fueron un regalo. España los pagó. Pero también es cierto que sin aquella ayuda las dificultades habrían sido mucho mayores. Cuando muchos gobiernos occidentales participaban del aislamiento contra España, Argentina apostaba por la cooperación y el entendimiento.
Por eso, cuando Eva Perón llegó a Madrid, un 8 de junio de 1947, las calles se llenaron de españoles agradecidos. No era únicamente la admiración hacia una figura política que ya despertaba pasiones en medio mundo. Era el reconocimiento sincero hacia una nación que había demostrado amistad cuando más falta hacía.
Las imágenes de aquellas jornadas muestran una multitud emocionada. Miles de españoles salieron a recibir a Evita porque veían en ella el rostro de una Argentina generosa. Una Argentina que no olvidaba su origen hispánico. Una Argentina que entendía que los vínculos entre ambas naciones iban mucho más allá de los intereses coyunturales.
Aquella visita fue uno de los momentos más simbólicos de la hermandad hispanoargentina. Una hermandad construida durante siglos por millones de familias, por una lengua común, por una fe compartida y por una historia entrelazada.
Sin embargo, el tiempo también ha dejado episodios menos edificantes.
Décadas después, en 1982, Argentina afrontó la Guerra de las Malvinas contra el Reino Unido. Para los argentinos, las islas representan una reivindicación histórica ligada a su soberanía nacional. Para muchos españoles, aquella causa era fácilmente comprensible. España conocía perfectamente lo que significan los contenciosos territoriales heredados de la historia.







