Una vez más, el cine español ha vuelto a confundir una gala de entrega de premios con un mitin de extrema izquierda. Los Goya 2026, celebrados en una Barcelona entregada al separatismo, no han sido la fiesta del séptimo arte, sino el festival del “postureo” ideológico y la hipocresía subvencionada. Mientras el sector vive de los impuestos de todos los españoles, sus estrellas se dedican a dar lecciones morales desde la moqueta roja, cargando contra lo que ellos llaman “el sistema” mientras estiran la mano para recoger el siguiente cheque de dinero público.
El monotema de las chapas: Palestina sí, Irán no
No faltó el accesorio estrella de la noche. Si hace años fue el “No a la Guerra” (selectivo, claro), este año la consigna era la chapa de “Free Palestine”. Resulta enternecedor ver a millonarios con vestidos de miles de euros posar con un pin contra “el genocidio” mientras callan ante las dictaduras teocráticas que realmente oprimen a los artistas y a las mujeres.
Tuvo que ser Aldo Comas, junto a Macarena Gómez, quien pusiera un poco de cordura en este desierto intelectual. Comas no se cortó: recordó que mientras todos lucían su pin de diseño, nadie decía una palabra sobre los 50.000 muertos en Irán a manos de un régimen teocrático. Pero claro, denunciar a Irán no da puntos en el carné de buen progre que reparten Almodóvar y compañía. En los Goya, la solidaridad solo se lleva si está aprobada por la agenda de La Moncloa.
Silvia Abril y su fobia a la fe
Pero el momento más esperpéntico de la noche —y quizás el más revelador— lo protagonizó Silvia Abril. La actriz y mujer de Andreu Buenafuente, en un alarde de intolerancia que ya es marca de la casa en la “progresía” catalana, arremetió contra el despertar espiritual de los jóvenes.







