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Busto verde de un hombre con gesto serio en una plaza nocturna con la Torre Glòries iluminada de rojo al fondo
OPINIÓN

El chiringuito de los Goya en Barcelona: Chapas, sectarismo y el ataque de Silvia Abril a la fe

Por David Izquierdo

Una vez más, el cine español ha vuelto a confundir una gala de entrega de premios con un mitin de extrema izquierda. Los Goya 2026, celebrados en una Barcelona entregada al separatismo, no han sido la fiesta del séptimo arte, sino el festival del “postureo” ideológico y la hipocresía subvencionada. Mientras el sector vive de los impuestos de todos los españoles, sus estrellas se dedican a dar lecciones morales desde la moqueta roja, cargando contra lo que ellos llaman “el sistema” mientras estiran la mano para recoger el siguiente cheque de dinero público.

​El monotema de las chapas: Palestina sí, Irán no

​No faltó el accesorio estrella de la noche. Si hace años fue el “No a la Guerra” (selectivo, claro), este año la consigna era la chapa de “Free Palestine”. Resulta enternecedor ver a millonarios con vestidos de miles de euros posar con un pin contra “el genocidio” mientras callan ante las dictaduras teocráticas que realmente oprimen a los artistas y a las mujeres.

​Tuvo que ser Aldo Comas, junto a Macarena Gómez, quien pusiera un poco de cordura en este desierto intelectual. Comas no se cortó: recordó que mientras todos lucían su pin de diseño, nadie decía una palabra sobre los 50.000 muertos en Irán a manos de un régimen teocrático. Pero claro, denunciar a Irán no da puntos en el carné de buen progre que reparten Almodóvar y compañía. En los Goya, la solidaridad solo se lleva si está aprobada por la agenda de La Moncloa.

​Silvia Abril y su fobia a la fe

​Pero el momento más esperpéntico de la noche —y quizás el más revelador— lo protagonizó Silvia Abril. La actriz y mujer de Andreu Buenafuente, en un alarde de intolerancia que ya es marca de la casa en la “progresía” catalana, arremetió contra el despertar espiritual de los jóvenes.

​Abril se mostró “apenada” y llegó a decir que “se niega a aceptar” que la juventud esté volviendo a la fe cristiana. “Menudo chiringuito tenéis montado”, espetó refiriéndose a la Iglesia. Es curioso que alguien que vive del “chiringuito” del cine subvencionado, ese que a menudo ignora al público para satisfacer los egos de cuatro directores, hable de chiringuitos ajenos.

​Parece que a la izquierda le aterra que los jóvenes dejen de buscar respuestas en el nihilismo progre y las busquen en la trascendencia y los valores tradicionales. Les molesta que películas como Los domingos, que narra la historia de una joven que decide entrar en un convento, conecten con la realidad de una España que está cansada de sus sermones laicistas. La libertad religiosa, para Silvia Abril, solo es aceptable si no se ejerce.

​Una gala de espaldas a España

​Barcelona fue el escenario perfecto para este esperpento. Entre brindis con cócteles de lujo y discursos sobre la “emergencia climática”, los privilegiados de nuestra cultura demostraron, un año más, que viven en una realidad paralela. Mientras las familias españolas hacen malabares para llegar a fin de mes, ellos se dedican a politizar el arte y a insultar las creencias de millones de ciudadanos.

​Si esto es lo mejor que tiene que ofrecer la cultura española, no es de extrañar que las salas se vacíen mientras el odio de la alfombra roja se llena de titulares. Señora Abril, señores del cine: dejen de dar lecciones y empiecen a respetar la libertad de los demás, incluida la de aquellos jóvenes que, por suerte, ya no compran su gastado discurso.

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