
CERVANTES Y EDATV: EL QUIJOTE EN LA BATALLA CULTURAL CAPÍTULO V APÓCRIFO (sobre el V verdadero)
Por José Rivela, el cronista apartado
Donde se prosigue la desgracia del caballero, y se descubre que los encantadores modernos no usan varita sino decreto
Molido, apaleado y extendido sobre la tierra como bandera caída, yacía don Quijote. Y junto a él estaban los cuatro caballeros de la palabra —Negre, Vito, García Isac y Tate—, no heridos de palo, sino de escarnio público, de veto invisible y de sospecha permanente.
Don Quijote, fiel a su costumbre, buscó consuelo en romances antiguos. Y comenzó a declamar versos como si aún estuviera en la montiña del marqués de Mantua.
Cervantes, que lo miraba con compasión amarga, dijo:
—En mi tiempo se caía por lanzas. En el vuestro se cae por algoritmos.
⸻
De cómo el caballero confundió al vecino con el marqués… y al ministro con el encantador
Apareció un labrador —que bien podría haber sido cualquier vecino que aún cree que el mundo es sencillo— y trató de levantar al caballero.
—Yo sé quién soy —decía don Quijote— y sé que puedo ser todos los héroes de la Fama.
—Y yo —dijo Tate— pregunto a los poderosos por sus vínculos y sus silencios, y me responden con escoltas.
—Y yo —dijo Vito— pregunto por tramas y mensajes ocultos, y me responden con tribunales mediáticos.
—Y yo —dijo García Isac— denuncio políticas que, a mi juicio, arruinan a la clase trabajadora y me llaman extremista.
—Y yo —dijo Negre— señalo gobiernos extranjeros que, según sostengo, coartan la libertad, y me acusan de provocador.
Don Quijote los miró como si viera a sus propios reflejos multiplicados.
—Vosotros no sois locos —dijo—. Sois caballeros en tierra donde la cordura ha sido puesta en duda.
⸻
De los nuevos encantamientos
Contaron entonces que hay ministros que quieren regular la plaza pública digital, que hay gobernantes que buscan registrar voces, que hay quien desea prohibir redes porque no puede dominarlas.
—En mi tiempo —dijo Cervantes— quemaban libros.
—En el nuestro —respondió Negre— intentan domesticar plataformas.
—Todo encantador teme al espejo —sentenció don Quijote—. Y la palabra libre es espejo.
___
De la sospecha permanente
Vito habló de cómo muchos le acusaron de recibir pagos ocultos, y luego no apareció documento alguno que lo probara.
—El rumor —dijo Cervantes— es el nuevo verdugo.
—Y la rectificación rara vez viaja con la misma prisa —añadió Tate.
⸻
De los reinos extranjeros y las alianzas
Negre habló de reuniones en tierras americanas, de alianzas entre gobernantes que se dicen defensores de Occidente, de discursos contra el comunismo y de advertencias sobre influencias externas.
—Cada siglo tiene su geografía del miedo —dijo Cervantes—.
—Y cada poder busca su tablero —añadió García Isac.
⸻
De la inmigración, la civilización y el desorden
García Isac habló con tono grave de fronteras, de servicios colapsados, de violencia en aulas europeas. Otros replicaron que el problema no es el extranjero, sino la mala gestión.
Don Quijote levantó la mano:
—No es nuevo el conflicto entre hospitalidad y prudencia.
Mas cuidado con hacer del miedo sistema y de la persona símbolo.
Cervantes asintió:
—El hombre concreto nunca debe pagar la abstracción.
⸻
De la batalla cultural
Llegaron por fin al pueblo, donde el cura y el barbero hablaban de quemar libros para curar locuras.
—Ahí está siempre el remedio fácil —dijo Cervantes—: destruir lo que inquieta.
Don Quijote, medio delirante, murmuró:
—No queméis palabras; encended razones.
Y Negre, Vito, García Isac y Tate comprendieron que la batalla cultural no consiste en sustituir una hoguera por otra, sino en impedir que haya hogueras.
⸻
Colofón
Aquella noche, mientras el ama maldecía los libros y el cura pensaba en fuego purificador, Cervantes miró a los periodistas y les dijo:
—Sed prudentes en la lengua, firmes en la intención y conscientes de que el poder siempre preferirá llamaros locos antes que contestaros.
Don Quijote, antes de dormirse, murmuró:
—Si el siglo os llama insensatos, preguntad si no será que el siglo teme verse reflejado.
Y así termina este capítulo, donde no hubo gigantes vencidos ni imperios derribados, sino algo más difícil: seguir hablando cuando todos prefieren que calles.
Más noticias: