Pablo Iglesias lleva años dando lecciones de moral, justicia social y defensa de los trabajadores. Se presenta como el azote de los poderosos, como el portavoz de los humildes y como el gran enemigo de las élites económicas. Pero detrás de ese relato cuidadosamente construido, la realidad vuelve a mostrar una enorme montaña de contradicciones, oscuridades y sospechas que nunca terminan de aclararse.
Ahora sabemos que una de las ramificaciones de Canal Red, el proyecto mediático impulsado por Pablo Iglesias, tiene como centro de operaciones México. Y la pregunta es inevitable: ¿por qué México? ¿Quién financia realmente esa estructura? ¿Quién sostiene económicamente un entramado mediático que genera enormes gastos y cuya rentabilidad real resulta más que dudosa? ¿Qué intereses existen detrás de esa expansión? Porque cuando hablamos de Pablo Iglesias y de Podemos, hablar de financiación opaca ya no es paranoia ni conspiración: es simplemente una obligación periodística.
Todos los españoles recuerdan cómo nació Podemos. No surgió de la nada ni fue fruto espontáneo de un movimiento ciudadano romántico y altruista. Podemos se construyó gracias a una gigantesca operación política e ideológica alimentada desde el chavismo venezolano y respaldada por redes internacionales de extrema izquierda. Las investigaciones, las informaciones periodísticas y las sospechas judiciales han acompañado desde el principio a figuras como Juan Carlos Monedero, Íñigo Errejón, Carolina Bescansa o el propio Pablo Iglesias.
Aquellos supuestos “trabajos de consultoría” para el régimen venezolano siempre dejaron demasiadas dudas encima de la mesa. Cantidades millonarias, fundaciones interpuestas, estructuras opacas y una relación constante con una de las dictaduras más brutales y empobrecedoras de Hispanoamérica. El chavismo convirtió a Venezuela en un infierno de hambre, persecución y ruina, mientras financiaba redes ideológicas internacionales destinadas a exportar su modelo político.
Y en paralelo, Cuba seguía actuando como el gran laboratorio ideológico de una izquierda autoritaria que jamás ha condenado realmente el totalitarismo comunista.
Por eso resulta imposible separar a Podemos de ese origen. Podemos nace política, ideológica y mediáticamente ligado al dinero y a los intereses del chavismo. Y esa sombra continúa persiguiendo a Pablo Iglesias y a todos sus proyectos.
México, Claudia Sheinbaum y el nuevo refugio ideológico
Que Canal Red tenga conexiones y estructuras operativas en México no es casualidad. México se ha convertido en uno de los grandes refugios de la izquierda populista iberoamericana. El Gobierno de Claudia Sheinbaum representa la continuidad política del obradorismo, un modelo donde la propaganda estatal, el control ideológico y la polarización social forman parte del paisaje político cotidiano.
Y precisamente ahí, en ese entorno político, aparece el proyecto mediático de Pablo Iglesias.
La pregunta vuelve a ser evidente: ¿quién paga? Porque montar un canal de televisión, mantener plantillas, estudios, producción audiovisual, presencia internacional y expansión en plataformas no es barato. Y sin embargo, Pablo Iglesias jamás ha explicado de forma transparente cómo se financia realmente Canal Red.
Tampoco ha aclarado suficientemente sus conexiones internacionales ni la naturaleza de sus apoyos políticos y económicos.
Resulta llamativo, además, que mientras Pablo Iglesias denuncia constantemente a empresarios, bancos y grandes corporaciones, su canal termine entrando en plataformas como Movistar Plus, controlada por estructuras empresariales profundamente vinculadas al poder político y económico que él dice combatir.
Y ahí aparece otro nombre clave: Javier de Paz.
Un histórico dirigente socialista, íntimamente ligado a José Luis Rodríguez Zapatero y señalado durante años como una figura central dentro de las relaciones de poder del PSOE. Javier de Paz, vinculado al entorno de Telefónica y Movistar Plus, vuelve a aparecer en un contexto donde las conexiones entre política, negocios y propaganda mediática parecen entrelazarse de forma cada vez menos disimulada.
Zapatero, por cierto, vuelve a estar siempre cerca. El mismo Zapatero, relacionado durante años con Venezuela, con mediaciones internacionales oscuras, con negocios opacos y con relaciones privilegiadas con regímenes autoritarios iberoamericanos.
Nada es casualidad.







