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Ábalos, Koldo y el miedo a los que todavía pueden hablar

Ábalos, Koldo y el miedo a los que todavía pueden hablar
porJavier Garcia Isac
opinion

Mientras José Luis Ábalos y Koldo García reciben durísimas penas de prisión, Víctor de Aldama obtiene un tratamiento mucho más favorable gracias a su colaboración con la Justicia

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La corrupción tiene una característica que la diferencia de cualquier otra actividad humana: cuando uno de los implicados decide hablar, todo el edificio comienza a tambalearse. No importa cuántos años haya resistido una trama, cuántos mecanismos de protección haya construido o cuántos silencios haya comprado. Basta con que uno de los protagonistas decida colaborar con la Justicia para que los demás empiecen a mirar por encima del hombro y a preguntarse quién será el siguiente.

Eso es exactamente lo que estamos viendo estos días tras conocerse las condenas relacionadas con la trama Koldo.

Mientras José Luis Ábalos y Koldo García reciben durísimas penas de prisión, Víctor de Aldama obtiene un tratamiento mucho más favorable gracias a su colaboración con la Justicia. Y es precisamente ahí donde reside el verdadero nerviosismo que se ha instalado en determinados sectores del socialismo.

No les preocupa tanto la condena de Ábalos.

Lo que verdaderamente les aterra es el precedente.

Porque la Justicia está enviando un mensaje muy claro: quien colabora puede ver reducida de forma muy significativa su responsabilidad penal. Quien calla, asume todas las consecuencias.

Y eso, dentro de una organización donde cada semana aparecen nuevos nombres, nuevos audios, nuevos mensajes y nuevas conexiones, es una auténtica bomba de relojería.

Del hombre más poderoso del PSOE a una celda de prisión

José Luis Ábalos fue durante años uno de los hombres más poderosos de España.

Fue el escudero de Pedro Sánchez cuando nadie apostaba por él.

Fue quien organizó aquella famosa gira por España que permitió a Sánchez recuperar el liderazgo del PSOE.

Fue secretario de Organización.

Fue ministro de Transportes.

Fue el hombre encargado de ejecutar las órdenes políticas más delicadas.

Nada importante ocurría en el PSOE sin que Ábalos lo supiera.

Nada.

Por eso resulta tan difícil creer que durante años dirigiera una estructura de poder paralela sin que nadie en la cúpula socialista tuviera conocimiento de ello.

Ábalos no era un verso suelto.

Era el número dos.

Era la mano derecha.

Era el hombre de máxima confianza del presidente del Gobierno.

Sin embargo, hoy contempla cómo toda una trayectoria política acaba reducida a una imagen demoledora: la de un dirigente que puede pasar más de dos décadas en prisión.

La caída es tan espectacular como simbólica.

Porque representa el hundimiento de una parte esencial del sanchismo.

El hombre que ayudó a construir el actual PSOE termina convertido en uno de sus mayores problemas.

Koldo García: de guardaespaldas a símbolo de una trama

La historia de Koldo García es todavía más llamativa.

De escolta y hombre de confianza pasó a convertirse en una figura central dentro de una red que presuntamente utilizó el poder político para enriquecerse.

Durante años fue considerado un personaje secundario.

Un simple colaborador.

Un hombre de confianza sin demasiada relevancia política.

Hoy sabemos que estaba presente en numerosas operaciones, reuniones y contactos que afectan al corazón mismo del poder socialista.

Y precisamente por eso las condenas conocidas tienen una enorme trascendencia política.

Porque no estamos hablando de personajes marginales.

Estamos hablando de personas situadas en el centro del poder.

El caso Aldama y el verdadero motivo de la rabia de la izquierda

Sin embargo, el elemento más interesante de todo este asunto no son las penas impuestas a Ábalos o Koldo.

Lo verdaderamente revelador es la reacción provocada por la situación de Víctor de Aldama.

Desde determinados sectores de la izquierda se ha intentado presentar como un escándalo que quien colaboró con la Justicia obtenga un trato penal más favorable.

Pero eso es exactamente lo que ocurre en cualquier Estado de Derecho.

La colaboración eficaz se premia porque permite descubrir estructuras criminales más amplias.

Permite conocer a los responsables.

Permite seguir el dinero.

Permite identificar a quienes permanecen ocultos.

Lo que molesta a muchos no es que Aldama haya colaborado.

Lo que les preocupa es que otros puedan seguir su ejemplo.

Porque si un colaborador obtiene beneficios procesales, el incentivo para hablar aumenta de forma exponencial.

Y ahí es donde aparecen nombres que generan auténtico pánico en Ferraz.

Leire Díez.

Julio Martínez.

Otros cargos intermedios.

Otros empresarios.

Otros asesores.

Otros intermediarios.

Personas que conocen demasiadas cosas.

Personas que saben cómo funcionaban determinadas estructuras.

Personas que podrían concluir que guardar silencio ya no merece la pena.

La ley del silencio comienza a resquebrajarse

Toda organización basada en la lealtad personal tiene un problema cuando llegan las condenas.

La lealtad dura mientras hay expectativas de protección.

Pero cuando aparecen las penas de prisión, los registros, las imputaciones y las posibles condenas, muchos empiezan a plantearse si merece la pena cargar con responsabilidades que podrían corresponder a otros.

Y eso es precisamente lo que explica la inquietud que existe actualmente dentro del PSOE.

Porque la gran amenaza para el sanchismo no es una manifestación.

No es una sesión de control.

No es una moción parlamentaria.

La verdadera amenaza es que los protagonistas de los distintos escándalos comiencen a colaborar masivamente con la Justicia.

Esto no ha hecho más que empezar

Además, conviene recordar que la trama Koldo constituye solamente una parte de un escenario mucho más amplio.

Ahí están las investigaciones relacionadas con Begoña Gómez.

Ahí están los procedimientos que afectan al entorno familiar del presidente.

Ahí están las causas vinculadas a José Luis Rodríguez Zapatero.

Ahí están los interrogantes sobre Plus Ultra.

Ahí están las investigaciones sobre adjudicaciones públicas.

Ahí están los procedimientos relacionados con Leire Díez.

Ahí están los autos que apuntan a posibles maniobras de presión contra jueces, fiscales, policías y periodistas.

Y ahí está la expectativa de nuevas resoluciones judiciales que podrían conocerse durante los próximos meses.

Por eso algunos intentan presentar la condena favorable a Aldama como una injusticia.

Porque entienden perfectamente lo que significa.

No es solamente una sentencia.

Es una invitación.

Una invitación para que otros hablen.

Una invitación para que otros colaboren.

Una invitación para que quienes todavía guardan silencio reconsideren su estrategia.

El miedo ya no está en la oposición

Durante años, el PSOE utilizó su enorme poder institucional para transmitir una imagen de fortaleza.

Hoy la situación parece muy distinta.

Las preocupaciones ya no están en la oposición.

Las preocupaciones están dentro.

Dentro del partido.

Dentro del Gobierno.

Dentro de quienes saben que todavía quedan muchas preguntas sin responder.

Y cuando una organización empieza a temer a los suyos más que a sus adversarios, suele significar que el problema ya no es político.

Es judicial.

Y sobre todo es temporal.

Porque la gran pregunta ya no es si habrá nuevas revelaciones.

La gran pregunta es quién será el próximo en hablar.


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