El presidente de la Generalitat, Salvador Illa, ha optado por atrincherarse en la defensa de la ley de eutanasia en lugar de dar explicaciones ante la polémica generada por el caso de Noelia Castillo.
En lugar de aclarar lo sucedido, Illa ha reducido cualquier crítica a ataques malintencionados y ha vuelto a presentar la ley como un modelo ejemplar, sin entrar en las dudas que han surgido sobre su aplicación.
Su reacción refuerza la sensación de que el Ejecutivo prioriza proteger su propio relato antes que responder a un debate que ya ha trascendido el ámbito nacional.
Illa evita el debate y se limita a defender su ley
Lejos de abordar las cuestiones de fondo, el presidente catalán ha optado por cerrar filas en torno a una normativa que lleva su sello político desde su etapa como ministro.
Esta postura ha sido criticada por esquivar cualquier autocrítica y por no ofrecer explicaciones en un momento en el que el caso ha reabierto un debate sensible.
Para muchos, su intervención responde más a una estrategia de defensa política que a una voluntad real de aclarar lo ocurrido.
El Gobierno carga contra Trump y evita aclarar el caso
La respuesta del Ejecutivo ha seguido la misma línea: desviar el foco en lugar de dar explicaciones. La ministra de Sanidad, Mónica García, ha acusado a la Administración de Donald Trump de injerencia por interesarse en el caso, elevando el tono político.
En vez de aclarar si existen dudas sobre las garantías del proceso, el Gobierno ha optado por presentar cualquier cuestionamiento como un ataque externo.
Esta reacción ha sido criticada por intentar tapar el debate con confrontación política, mientras siguen sin responderse cuestiones clave sobre cómo se aplicó la ley en un caso especialmente delicado.