La reciente polémica por los cánticos islamófobos registrados en el partido entre España y Egipto ha reabierto el debate sobre los límites de la animación en el fútbol. En este contexto, muchos aficionados han recordado episodios similares del pasado, como el ocurrido hace años en un encuentro entre las selecciones autonómicas de Cataluña y País Vasco, donde se popularizó el cántico “español el que no bote”.
Aunque aquel partido no es reciente, su recuerdo ha vuelto al primer plano mediático como ejemplo de cómo determinados mensajes en los estadios han sido tolerados o normalizados durante décadas.
Un cántico polémico que marcó una época
Durante aquel encuentro amistoso entre Cataluña y País Vasco, celebrado en un ambiente festivo pero cargado de simbolismo político, parte de la grada entonó de forma reiterada el lema “español el que no bote”. El cántico, vinculado a reivindicaciones identitarias, generó en su momento críticas, aunque no alcanzó el nivel de rechazo institucional que sí se observa hoy en otros casos. Todo lo contrario, eran considerados muestras de libertad de expresión.
Con el paso del tiempo, este tipo de expresiones han sido reinterpretadas bajo una mirada más crítica, especialmente en un contexto social más sensibilizado frente a mensajes de hartazgo, aunque siguen siendo condenables, igual que los eran contra España.






