El Gobierno de Pedro Sánchez afronta este martes una nueva derrota parlamentaria. El decreto de vivienda que incluye la prórroga de los alquileres llega al Congreso sin los apoyos necesarios y con el rechazo anunciado por Junts per Catalunya, uno de los socios que más problemas está dando al Ejecutivo en esta legislatura.
Pese a los intentos de última hora por parte de Sumar para salvar la votación, el escenario sigue siendo muy adverso. El texto, impulsado desde el propio Gobierno, se somete a convalidación con una mayoría en el aire y con la sensación de que el Ejecutivo vuelve a depender de aliados que ya no garantizan estabilidad.
Presiones sin efecto y negociación inexistente
Desde Sumar se ha intentado presionar tanto al Partido Popular como a Junts para sacar adelante el decreto, pero sin éxito. El ministro Pablo Bustinduy llegó a abrir la puerta a aceptar condiciones planteadas por los independentistas, como medidas fiscales o cambios en el tratamiento de los autónomos, con el objetivo de atraer su apoyo.
Sin embargo, la respuesta de Junts ha sido tajante: no apoyarán el decreto y, además, niegan que exista una negociación abierta con el Gobierno. Fuentes del partido han dejado claro que no comparten el contenido de la norma y que no tienen intención de facilitar su aprobación.
Un Gobierno sin mayoría y cada vez más dependiente
La situación vuelve a evidenciar la debilidad parlamentaria del Ejecutivo, que no logra asegurar los votos necesarios ni siquiera en medidas impulsadas por sus propios socios. La posibilidad de que el decreto salga adelante queda ahora en manos de una hipotética abstención de Junts, un escenario incierto y políticamente costoso.
Mientras tanto, el intento de trasladar la presión al Partido Popular tampoco ha surtido efecto. Desde la oposición insisten en que es el Gobierno quien debe negociar con sus socios si quiere aprobar sus iniciativas, y rechazan asumir responsabilidades por el posible fracaso del decreto.
El resultado es un nuevo choque en el Congreso que deja al Ejecutivo en una posición incómoda, evidenciando una vez más su dificultad para articular mayorías estables en la Cámara Baja.