
Más despilfarros del Gobierno: 250 millones a un cine español que pierde audiencia
Los datos de taquilla reflejan, además, una gran dispersión del público
El Gobierno de Pedro Sánchez vuelve a ser tema de críticas por sus despilfarros. Esta vez, por el cine español, una industria que recibió un total de 250,2 millones de euros en 2022.
De esa cifra, 95,5 millones llegaron en forma de subvenciones directas del Gobierno, 70,6 millones mediante deducciones en el impuesto de sociedades. Por otro lado, 84,1 millones gracias al "impuesto encubierto", que obliga a las cadenas privadas de televisión a destinar el 5 % de su facturación a producciones nacionales.
Todo esto, mientras la audiencia va bajando. En 2024, el cine español vendió 13,6 millones de entradas, cifras que se mantienen muy por debajo de sus niveles históricos. La cuota de mercado se situó entre el 17 % y el 19 %, claramente inferior a la de décadas anteriores.
Los datos de taquilla reflejan, además, una gran dispersión del público. La mayoría de los estrenos no lograron destacarse: el 87 % de las películas estrenadas en 2025 recaudó menos de 100.000 euros. Además. más de un centenar de títulos no superaron los 1.000 euros en ingresos. Solo 28 producciones consiguieron atraer a más de 100.000 espectadores.

Este patrón confirma la existencia de un modelo con numerosos estrenos cada año, pero con audiencias muy reducidas por cada película.
Eduardo Casanova
Eduardo Casanova ha sido una de las figuras más polémicas de la industria. Una de las veces, por la miniserie Silencio, de Movistar Plus, que hablaba de vampirismo, VIH y humor negro.
Los usuarios en redes acusan al proyecto de Casanova de trivializar el sida con bromas y anacronismos poco respetuosos. El comentario viral que pide "confinar en una cueva" a quienes la vean refleja la fuerte repulsa que genera la serie online.
La trama muestra vampiras que atraviesan siglos, enfrentándose a peste negra y VIH, en un tono cómico que muchos consideran insensible. Casanova defiende la obra como visibilización de historias silenciadas, pero críticos aseguran que explota la polémica. Se apunta a que su intención no es cultural, sino generar ruido mediático y captar subvenciones públicas para un producto cuestionable.
El uso de lenguaje inclusivo en los diálogos también ha provocado debate, visto por algunos como marketing y no inclusión real. Hay sectores que denuncian que Silencio banaliza el dolor de miles afectados por el sida bajo una comedia absurda y gore.
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