El precio del diésel vuelve a subir con fuerza y ya se nota en cualquier gasolinera. En apenas unas semanas ha pasado de rondar los 1,40 euros a situarse en torno a los 1,77 euros por litro, lo que supone un encarecimiento cercano al 25%. Una subida que llega en un momento especialmente sensible y que vuelve a golpear directamente al bolsillo.
Llenar el depósito cuesta ahora entre 15 y 20 euros más que antes de este último repunte. Para quienes dependen del coche a diario, el impacto es inmediato. Y no es solo una cuestión puntual: el aumento se ha consolidado y no hay señales claras de que vaya a corregirse a corto plazo.
El contexto internacional explica parte del problema, pero no toda la situación. Porque mientras los precios siguen escalando, las medidas del Gobierno no están logrando frenar el golpe ni transmitir la sensación de control.
La rebaja fiscal se queda corta ante la subida
El Ejecutivo ha intentado amortiguar el impacto con una rebaja de impuestos, pero en la práctica el efecto ha sido muy limitado. El diésel sigue muy por encima de los niveles previos al repunte y la diferencia es evidente para cualquier conductor.
Antes de la escalada, llenar el depósito de un coche medio podía costar en torno a 70 euros. Ahora, esa misma operación se acerca o supera los 90 euros, dependiendo del consumo. Es un salto que pesa, sobre todo en economías ajustadas.







