Y si las encuestas empiezan a dibujar un escenario en el que Santiago Abascal y Vox podrían acercarse a los 75 diputados en unas hipotéticas elecciones anticipadas, el temblor en Génova, en Ferraz y en las redacciones subvencionadas es perfectamente audible.
En Andalucía, algunos sondeos ya hablan de un empate técnico entre PSOE y Vox en torno a los 25 escaños. En la Comunidad Valenciana, se dibuja un cuádruple empate entre PP, PSOE, Compromís y Vox. ¿Qué significa eso? Que el viejo turnismo puede dejar de decidir en solitario. Y eso, para el bipartidismo, es sencillamente inasumible.
Cuando el crecimiento molesta
A medida que se acerquen fechas clave —presupuestos, convocatorias electorales, debates estratégicos— los ataques a Vox no se van a reducir. Se van a multiplicar. Y lo harán con una coordinación casi quirúrgica entre el Partido Popular, el Partido Socialista y sus terminales mediáticas.
No es casualidad.
Ya lo hemos visto:
La enésima acusación de financiación ilegal sin pruebas consistentes.
La ridiculización por cuestiones menores —hasta unas simples pulseras— elevadas a categoría de escándalo nacional.
Las salidas individuales de personas del partido convertidas automáticamente en “crisis estructural”.
Todo amplificado. Todo hipertrofiado. Todo presentado como síntoma de descomposición.
Mientras tanto, cuando los escándalos afectan al PSOE o al PP, la reacción es diametralmente opuesta: minimización, contextualización, normalización. La doble vara de medir no es un accidente; es el método.
La estrategia del desgaste permanente
Se va a intentar inflar cualquier decisión que tome Vox. Cualquier ajuste interno será presentado como purga. Cualquier debate como fractura. Cualquier medida disciplinaria como autoritarismo.
Y si no encuentran nada, lo fabricarán mediante titulares malintencionados, filtraciones interesadas o interpretaciones forzadas.
La intención es clara: generar una sensación artificial de inestabilidad para frenar la expectativa de voto.
Pero hay un problema para quienes diseñan esa estrategia: Vox no es Ciudadanos.
Ciudadanos fue sostenido mediáticamente cuando interesaba y abandonado cuando dejó de ser útil al tablero. Su elasticidad ideológica facilitó su demolición. Era un proyecto con principios maleables, diseñado para ocupar un espacio coyuntural.
Vox, en cambio, nace precisamente como respuesta a esa indefinición. Su electorado no busca ambigüedad; busca firmeza.
Disciplina y proyecto frente a personalismos







