Desde hace muchas, pero muchas generaciones había españoles trabajando en la mar, con frío, humedad, sal en la cara que quebraba la piel…Otros en el campo, arando la tierra, plantando, podando, esquilando ovejas, subiendo a los pastos para dar de comer a las vacas…Otros haciendo lo que podían en las ciudades, unos eran serenos, otras secretarias, otros maestros, médicos, enfermeras, policías... y así podríamos seguir desde el punto de la Historia de España que queramos hasta nuestros días. Hubo una serie de televisión que lo plasmó -más o menos- y que ha servido de “hemeroteca” para que generaciones venideras vieran lo que fue levantar el Estado del Bienestar que hoy está roto.
Felipe González realizó tres regulaciones desde el 1982 al 1996 legalizando a 165.109 personas. Después le siguió Aznar que también con tres periodos para regular a más de 200.000 inmigrantes. El aumento de la inmigración en los barrios y las calles comenzó a ser más significativo con José Luis Rodríguez Zapatero que introdujo con su política de puertas abiertas a más de 570.000 personas desde el 2004 al 2011. La última regulación, la estamos viviendo en tiempo presente ya que desde la llegada de Pedro Sánchez vía moción de censura a Rajoy por la corrupción que acechaba a la cúpula del Partido Popular, da hasta risa leer esto pero fue una realidad; el inquilino de Moncloa ha regularizado a más de 1.3 millones de extranjeros.
¿Qué supone la regulación masiva?
En primer lugar, el incremento de personas en un periodo tan breve de tiempo supone saturar de manera irreconocible los servicios públicos que ya están saturados de por sí. La solicitud de citas médicas está en una media de 15 días para una consulta en el médico de cabecera. A esto hay que sumar las huelgas de Sanidad que retrasan aún más las citas, pruebas, curas y operaciones.
En segundo lugar, hay que hablar de economía: el 70% de los inmigrantes en España no cotiza a la Seguridad Social, según la web del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones y solo un 5% de los que llegan vienen con contrato de trabajo. El tejido empresarial está tensionado hasta el extremo, el 99,8% del tejido se fundamenta en Pymes y autónomos y estos últimos son el 54% del total. Las subidas de cotización llegan hasta +42%. A esto hay que sumar que la cesta de la compra no para de subir, los impuestos y la estrangulación a nuestro campo es insufrible, lo que lleva a muchas empresas a traer alimentos de fuera que no respetan las normativas europeas y ahogan más a la industria española que sigue en caída libre.
En tercer lugar, la criminalidad. No hay día que no tengamos un apuñalamiento, el último, hoy 5 de mayo en Barcelona –ciudad sin ley- cuatro apuñalamientos en 24 horas da como resultado dos fallecidos, dos familias rotas.








