Es algo mucho más grave: es la constatación de que el Partido Socialista, hoy dirigido por Pedro Sánchez, ha convertido el poder en un instrumento al servicio de redes clientelares, favores personales y, presuntamente, enriquecimiento ilícito. El caso que salpica a José Luis Ábalos, a su entorno y a figuras como Koldo García ya no admite maquillaje: estamos ante un escándalo estructural.
UN CASO QUE YA NO SE PUEDE OCULTAR
El PSOE está hoy sentado en el banquillo de la opinión pública —y cada vez más cerca de hacerlo en el judicial— por una trama que huele a lo peor de la vieja política, esa que decían venir a regenerar.
Las revelaciones son demoledoras. El propio entorno de Koldo García ha comenzado a hablar. Su hermano ha reconocido haber recibido dinero en efectivo y, lo que es aún más grave, ha admitido que en varias ocasiones acudió a recoger dinero en metálico a Ferraz. Dinero que, según todas las sospechas, procedería de operaciones vinculadas a contratos públicos. Según cuenta, ese dinero era para adelantar los gastos de su hermano Koldo, que no tenía ningún cargo dentro del partido.
Esto ya no es una insinuación. Esto es una confesión.
Y cuando alguien del núcleo duro reconoce el cobro de dinero en efectivo , y posteriormente dinero B, lo que queda al descubierto no es solo un delito, sino un sistema.
DINERO PÚBLICO PARA REDES PRIVADAS
Pero el escándalo no termina ahí. La trama se adentra en un terreno aún más turbio: el uso de recursos públicos para colocar a personas vinculadas personalmente a altos cargos.
Las informaciones que han ido saliendo apuntan a que mujeres vinculadas sentimentalmente al entorno de Ábalos —algunas de ellas procedentes del ámbito de la prostitución— habrían sido colocadas en empresas públicas, percibiendo salarios sin desempeñar funciones reales, vamos, sin ir a trabajar.
Esto no es solo corrupción.
Esto es degradación institucional.
El Estado convertido en agencia de colocación al servicio de los caprichos de una élite política.
Y todo ello bajo la tutela de quien fuera la mano derecha de Pedro Sánchez. Porque no nos engañemos: José Luis Ábalos no era un verso suelto. No era un pequeño “Nicolás”. Era el hombre fuerte del sanchismo. El que organizó su regreso. El que le sostuvo cuando nadie daba un duro por él.
¿DE VERDAD NADIE SABÍA NADA?
Aquí es donde la versión oficial se derrumba.
Pretenden hacernos creer que Pedro Sánchez no sabía nada.
Que todo esto ocurría a su alrededor sin que él se enterase.
Que su mano derecha actuaba por libre.
Es un insulto a la inteligencia.
Ábalos no solo era ministro. Era el hombre de máxima confianza del presidente. El ejecutor político. El arquitecto de muchas decisiones clave. Pensar que actuaba sin conocimiento del número uno es, sencillamente, inverosímil.
Y más aún cuando, una vez que comenzaron a aparecer los escándalos, Sánchez no lo apartó inmediatamente de la vida política. No. Lo mantuvo. Lo protegió. Lo incluyó en listas electorales.
Eso tiene un nombre: complicidad política, o es que simplemente cumplía órdenes del “puto amo”
EL SILENCIO COMO ESTRATEGIA







