España ha cruzado una línea peligrosa. No es una exageración ni una hipérbole. Es una evidencia. El Gobierno ha decidido colocar a Baltasar Garzón al frente de una llamada “Comisión de la Verdad” sobre la Guerra Civil y el franquismo. Y con ello ha dinamitado, una vez más, cualquier apariencia de respeto por la justicia, la historia y la propia inteligencia de los españoles.
Porque conviene recordar quién es Garzón. No hablamos de un jurista ejemplar, ni de un referente moral. Hablamos de un juez que fue expulsado de la carrera judicial por prevaricar. Un hombre que utilizó la justicia con fines políticos, que cruzó líneas que ningún magistrado debería cruzar jamás, y que acabó siendo inhabilitado por ello.
Y ahora, ese mismo personaje es el encargado de decirnos cuál es la “verdad” sobre uno de los episodios más complejos, dolorosos y manipulados de nuestra historia.
Es un sarcasmo. Es una provocación. Es, en definitiva, una obscenidad.
La verdad no se decreta desde el poder
Las llamadas “comisiones de la verdad” no buscan la verdad. Nunca lo han hecho. Son instrumentos políticos, herramientas de propaganda diseñadas para imponer un relato único. No para investigar, sino para dictar sentencia. No para comprender el pasado, sino para manipular el presente.
Y en España, quien impulsa esta comisión es el PSOE. Sí, el mismo partido que tuvo un papel protagonista en los años previos a la Guerra Civil. El mismo partido que, lejos de asumir responsabilidades históricas, lleva décadas intentando reescribir la historia a su conveniencia.
Ahora pretenden erigirse en árbitros de la memoria. En jueces del pasado. En dueños de la verdad.
Pero la verdad histórica no se construye desde un despacho de La Moncloa ni desde una comisión ideologizada. La verdad se estudia, se debate, se contrasta. Y, sobre todo, se respeta.
El PSOE y su obsesión por controlar el relato
No es casualidad. Nada de esto lo es.
El Gobierno lleva años impulsando leyes de memoria, resignificaciones, exhumaciones y campañas institucionales que tienen un objetivo claro: imponer una versión única de la historia. Una versión donde el PSOE aparece como víctima y redentor, y donde todo lo demás queda reducido a caricatura o demonización.
Esta “Comisión de la Verdad” es un paso más en esa estrategia. Un intento de blindar su relato y de perseguir cualquier disidencia histórica.







