Casi dos décadas después de la Copa América, las bases de la Marina de València cuelgan por fin el cartel de completo. Valencia Innovation District, la sociedad que gestiona The Terminal Hub, ha sido la elegida para hacerse con la antigua sede del Victory Challenge y levantar allí un centro empresarial ligado a la tecnología, la innovación y el emprendimiento. La decisión, aprobada este miércoles por el consejo de administración de la Autoridad Portuaria de Valencia, pone fin a una larga etapa de espacios muertos.
Marina Port Valencia REMITIDA / HANDOUT por MARINA PORT VALENCIA
Un proyecto de tres millones para rehabilitar el edificio
La propuesta se impuso a la de Nomadom Cospaces, impulsada por Nealis y Talvion. El proyecto ganador, bautizado como Victory by TTH, contempla una inversión cercana a los tres millones de euros para rehabilitar y adaptar el edificio, que combinará oficinas, áreas para emprendedores, actividades formativas y espacios para eventos. La operación refuerza la expansión de Valencia Innovation District en la dársena, donde ya reúne a perfiles del ecosistema tecnológico valenciano como Enrique Calabuig, Iker Marcaide y Ángela Pérez.
Dos décadas de espacios vacíos y una deuda millonaria
El contraste con el pasado es demoledor. Durante años, buena parte de estas bases permanecieron vacías, se usaron como simples almacenes o encadenaron proyectos que jamás se materializaron. De la decena de instalaciones, dos acabaron directamente demolidas. Todo ello mientras el evento dejaba una deuda de 300 millones de euros que debía pagarse al ICO y que finalmente tuvo que asumir el Estado. La gestión socialista que heredó aquel legado fue incapaz de rentabilizarlo: accesos deficientes, falta de licencias, inmuebles deteriorados e inseguridad jurídica cronificaron el abandono de una zona llamada a ser motor económico.
Del impulso privado al 'sold out' actual
Que la Marina respire hoy se debe, en buena medida, al empuje privado. La llegada de EDEM y Lanzadera en 2015, de la mano de Juan Roig, marcó el primer gran movimiento, al que siguieron Innsomnia, Biohub VLC o Angels sobre las antiguas bases de los equipos de vela. A ese tejido se suman ahora las ampliaciones de Sesame —con una inversión de cuatro millones que llevará su superficie de 3.200 a cerca de 8.000 metros cuadrados— y de Marina de Empresas, que en septiembre estrenará en la antigua base del Alinghi un edificio de 15 millones para unos 1.000 emprendedores.
Un final feliz que llega tarde
La foto de hoy es la de una dársena viva y llena de talento. Pero conviene no olvidar cuánto tiempo se perdió por el camino. Fueron casi veinte años de parálisis, excusas y espacios que se caían a pedazos mientras los responsables públicos miraban hacia otro lado. El 'sold out' es una buena noticia; que haya tardado dos décadas en llegar es la factura de una gestión que dejó languidecer durante demasiado tiempo la que debía ser la joya económica de la ciudad.