El Gobierno de Mette Frederiksen mantiene una de las políticas migratorias más estrictas de Europa y refuerza su ofensiva contra el control social
Dinamarca mantiene su apuesta por una política migratoria restrictiva y una integración basada en el respeto a las normas y valores del país. El nuevo Gobierno de Mette Frederiksen, constituido tras las elecciones celebradas en marzo, ha dejado claro que no pretende suavizar la línea seguida durante los últimos años.
La propia primera ministra aseguró en junio que el Ejecutivo mantendrá el rumbo de la política de inmigración danesa. Entre sus prioridades situó la expulsión de más extranjeros condenados por delitos, la lucha contra el control social y las medidas contra prácticas que, a juicio del Gobierno, favorecen la aparición de "sociedades paralelas".
Copenhague lleva años utilizando este concepto para referirse a entornos en los que existen problemas de aislamiento respecto al resto de la sociedad y donde determinadas normas sociales pueden entrar en conflicto con los principios democráticos daneses. Frederiksen ha insistido además en combatir los viajes de reeducación, la violencia y distintas formas de control social dentro de determinados entornos de inmigración.
Restricciones al burka y debate sobre el llamamiento a la oración
Entre las iniciativas impulsadas durante la etapa anterior de Frederiksen figura la ampliación del actual veto a las prendas que ocultan completamente el rostro. La prohibición existe en los espacios públicos desde 2018 y afecta, entre otras prendas, al burka y al niqab.
El anterior Ejecutivo propuso extender esta regulación a colegios, universidades y otros centros educativos. El Ministerio de Inmigración explicó entonces que pretendía aplicar las mismas reglas dentro de las instituciones educativas y fuera de ellas, incluyendo tanto a estudiantes como a profesores.
El debate también ha llegado al Parlamento con el llamamiento islámico a la oración mediante altavoces. El Partido Popular Danés presentó el pasado 9 de junio una propuesta para prohibir en todo el país las oraciones o llamamientos religiosos amplificados en el espacio público, iniciativa que superó su primera lectura y tiene prevista una segunda para septiembre. No se trata, por tanto, de una prohibición ya aprobada por el Gobierno.
Dinamarca lleva el asilo a cifras históricamente bajas
La firmeza danesa también se refleja en sus cifras de asilo. Durante 2025 se concedió protección a 875 personas, incluidos los refugiados de cuota, una cifra que el propio Ministerio de Inmigración calificó como históricamente baja.
Ese mismo año se registraron 1.959 solicitudes de asilo. Sin contar el excepcional ejercicio de 2020, marcado por las restricciones de la pandemia, se trata del registro más bajo desde que Dinamarca comenzó a recopilar los datos con la metodología actual en 1998.
El Gobierno defiende que limitar las llegadas permite mantener la capacidad de integración y proteger la cohesión social. Frederiksen reiteró al formar su tercer Ejecutivo que no suavizará la política migratoria, mientras Dinamarca continúa situando la lucha contra el control social y las sociedades paralelas entre los ejes de su estrategia de integración.