La última cumbre del Consejo Europeo celebrada en Bruselas se convirtió en una de las más incómodas para Pedro Sánchez desde que llegó a La Moncloa. El presidente del Gobierno acudió a la reunión en un contexto especialmente delicado, marcado por la imputación del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero y la creciente presión política que atraviesa el PSOE. Pero, más allá de la situación interna española, el jefe del Ejecutivo también tuvo que afrontar un evidente deterioro de su posición dentro de las instituciones europeas.
Una de las imágenes que más llamó la atención se produjo incluso antes del inicio de la reunión. Durante las tradicionales declaraciones de los líderes a su llegada al Consejo Europeo, las intervenciones de Sánchez apenas tuvieron visibilidad en los canales oficiales del organismo comunitario. Mientras otros mandatarios aparecían en directo, las palabras del presidente español quedaron relegadas a un segundo plano, una situación que algunos observadores interpretan como un reflejo del aislamiento político que atraviesa España en determinados foros europeos.
En los últimos meses, Sánchez ha mantenido posiciones alejadas de buena parte de sus socios comunitarios en asuntos clave como el aumento del gasto militar, la relación con China o la respuesta internacional a distintos conflictos geopolíticos. Una estrategia que, según diversas fuentes europeas, ha reducido notablemente su capacidad de influencia en los espacios informales donde se toman muchas de las decisiones políticas más relevantes.









