El programa, conocido como PLACM, se desarrolla mediante la cooperación entre España y Marruecos y cuenta con profesorado aportado por las autoridades marroquíes
El Parlamento de Cataluña ha vuelto a cerrar la puerta a la propuesta de Vox para acabar con el Programa de Lengua Árabe y Cultura Marroquí en los centros educativos catalanes. La iniciativa ha encontrado el rechazo de PSC, Junts, ERC, Comuns y CUP, mientras que Aliança Catalana ha optado por la abstención.
La votación deja una imagen política significativa: partidos enfrentados en cuestiones como la independencia, la inmigración o la política lingüística coinciden a la hora de impedir la supresión de este programa educativo.
La controversia va más allá de la enseñanza de un idioma. El programa, conocido como PLACM, se desarrolla mediante la cooperación entre España y Marruecos y cuenta con profesorado aportado por las autoridades marroquíes.
Votaciones a la propuesta de Vox de eliminar las clases de cultura marroquí en Cataluña
Vox sostiene que esta iniciativa supone una injerencia cultural extranjera en las aulas y cuestiona que se facilite la enseñanza de la cultura marroquí dentro del sistema educativo catalán.
El papel de Marruecos en lasescuelas catalanas
La dimensión del programa tampoco es menor. Según los datos trasladados por la Consejería de Educación catalana en 2025, alrededor de 2.000 alumnos participaron en estas clases durante el curso anterior.
La actividad se desarrolla fundamentalmente fuera del horario lectivo, aunque también puede ofrecerse como materia optativa en determinados centros.
Sus defensores consideran que permite conservar los vínculos culturales y lingüísticos de los estudiantes de origen marroquí y favorece su integración.
Sin embargo, Vox reclama que las administraciones prioricen la adaptación de los alumnos a la cultura española y catalana.
La abstención de Aliança Catalana introduce otro elemento político en la votación. Pese a su discurso crítico con determinadas políticas migratorias, la formación no ha respaldado la iniciativa de Vox.
El resultado mantiene abierto un debate que trasciende las aulas: quién debe decidir qué contenidos culturales se imparten en los colegios públicos y qué papel corresponde a un Gobierno extranjero en su enseñanza.