El informe remitido por la Guardia Civil a la jueza que investiga el accidente ferroviario de Adamuz, que dejó 46 víctimas mortales, apunta a una cadena de fallos técnicos y de supervisión que sitúan el foco en la gestión de Adif. El documento descarta de forma tajante tanto el error humano de los maquinistas como un posible sabotaje, y centra la investigación en la rotura del carril, sin poder determinar aún si esta provocó la fractura de la soldadura o viceversa.
A lo largo del informe, los agentes identifican hasta cinco posibles negligencias que cuestionan los protocolos de seguridad y mantenimiento de la infraestructura ferroviaria. Estas conclusiones añaden presión sobre la empresa pública encargada de la red y sobre su versión de los hechos.

Fallos en los sistemas de alerta
Uno de los aspectos más críticos señalados es el funcionamiento del Sistema de Apoyo al Mantenimiento (SAM), encargado de medir la tensión en los carriles. Según la investigación, el sistema registró una caída significativa de tensión durante 22 horas previas al accidente, sin generar ninguna alarma.
La Guardia Civil subraya que, aunque la señal no superaba el umbral mínimo establecido, Adif no exigió que el sistema fuera capaz de detectar fracturas en estas condiciones. Los investigadores consideran necesario determinar si existía la posibilidad técnica de haber alertado del riesgo, dada la duración y magnitud de la anomalía.
Deficiencias en la supervisión de soldaduras
El informe también pone el foco en la ejecución de las soldaduras en el tramo afectado, especialmente en dos puntos concretos. Los agentes apuntan a una posible mala praxis durante los trabajos, ya fuera por errores del soldador o por el uso inadecuado de materiales.
Más grave aún resulta la ausencia de inspectores durante estas tareas. Adif no ha podido acreditar que hubiera supervisión directa en el momento de la intervención, un requisito clave para garantizar la seguridad de la infraestructura.







