En el año 2050, uno de cada tres españoles tendrá 65 años o más. Las proyecciones demográficas alertan sobre un envejecimiento progresivo de la población.
Mientras tanto, los jóvenes enfrentan dificultades para acceder a empleos estables y viviendas asequibles. El 70% de los trabajadores jóvenes vive con sus padres debido a la precariedad laboral y los altos precios de los alquileres.
La tasa de propiedad entre menores de 35 años ha descendido al 31,8%. En contraste, el 86% de los jubilados posee una vivienda propia y el 60% cuenta con dos o más inmuebles.
Sin embargo, dentro del grupo de pensionistas hay grandes desigualdades. Mientras algunos apenas llegan a fin de mes, otros disfrutan de una holgada jubilación.
Sistema de pensiones y sostenibilidad
Cerca de 288.000 pensionistas no contributivos recibirán en 2025 una prestación anual de 7.900 euros. Otros 1,8 millones de jubilados requieren complementos a mínimos.
La pensión anual mínima sin cónyuge a cargo es de 12.241 euros, pero hay más de un millón de pensiones superiores a 2.500 euros mensuales.
Actualmente, menos de dos trabajadores y medio sostienen cada pensión, una proporción que pone en riesgo la viabilidad del sistema.

El envejecimiento poblacional y la llegada de los boomers a la jubilación aumentarán el peso electoral de los mayores.
En los últimos años, el PSOE, el PP y Junts han aprobado medidas dirigidas a los pensionistas, conscientes de su importancia en las urnas. Son 11,2 millones de personas que representan un tercio del electorado.
Beneficios fiscales y ayudas
Las políticas fiscales favorecen a los mayores con exenciones en ganancias patrimoniales y deducciones en el IRPF. La venta de vivienda habitual no tributa en el IRPF para mayores de 65 años.
Además, quienes perciben pensiones inferiores a 22.000 euros anuales no están obligados a declarar. También existen incentivos para convertir el dinero obtenido de ventas patrimoniales en rentas vitalicias sin tributar.








