La gala fue un oasis de inteligencia en medio del desierto intelectual que nos rodea. Allí estaban figuras que son hoy los últimos centinelas de la libertad. Juan Soto Ivars, un referente de la palabra que disecciona la cancelación con datos irrefutables. Al final de la noche, copa de vino en mano, compartí un momento con mi gran amigo Jesús Muñoz, vicepresidente de la asociación; le comenté que lo que acabábamos de presenciar era la demostración práctica y cruda, de la teoría que Soto Ivars desarrolla en su imprescindible Esto no existe. Los inexistentes para el sistema estaban allí, vestidos de gala y con la cabeza muy alta.
Javier Pérez Roldán, de Hazte Oír, una denuncia tan necesaria como incansable. Mi gran amigo Daniel Labrador, cuya persistencia jurídica es el terror de los juzgados de excepción de género; Mis compañeros de Criticones 2.0, Fran Padilla, Patricia Díaz y Carlos Valdivieso. También la singularísima Cristina Sol, compañera de Informa Radio, además de directora de programas como El Termómetro, Informa En Femenino o La Luz de la Palabra. No faltaron los guerreros digitales como el Youtuber Inocente Duke o Paula García, del podcast No Lies Allowed, que cada día le arrancan la careta al relato oficial. Y, por supuesto, la presencia telemática de referentes de una valentía casi inhumana: Eugenio García Martínez, el padre de la pequeña Olivia que nos acompaña desde el cielo, y los siempre aplaudidos Meconios.
Estar allí genera un sentimiento ambivalente. Es reconfortante rodearse de buena gente, pero es desgarrador entender por qué nos reunimos. Esta gala no debería existir. No debería haber premios para personas que han sobrevivido a un sistema diseñado para triturarlas. Tener el privilegio de entregar un galardón en este evento te obliga a mirar de frente una tristeza que no cabe en un telediario: padres arruinados por denuncias falsas, esa herramienta de estrategia procesal que la izquierda niega con fe fanática, abuelas como Rosa De Lima, que mueren sin volver a ver a sus nietos por el capricho de una ley de autor, y niños con secuelas que ninguna terapia pagada por el Estado podrá borrar jamás.
En 2026, seguimos arrastrando la losa de la Ley Integral de Violencia de Género que ha demostrado ser un fracaso absoluto. Mientras el presupuesto del Ministerio de Igualdad ha crecido de forma exponencial, las cifras de mujeres asesinadas no han caído en absoluto, demostrando que el enfoque ideológico es ineficaz. Pero lo más sangrante es lo que se oculta: los 2.800 hombres que se quitan la vida cada año en España, muchos de ellos asfixiados por procesos judiciales kafkianos, pérdidas de custodia y la muerte civil que supone una simple acusación sin pruebas.
La historia de ANAVID es la historia de una rebelión contra la injusticia. Desde su fundación, ha luchado por la Igualdad Real, la que está escrita en el Artículo 14 de nuestra Constitución y que el feminismo radical ha convertido en papel mojado. Mientras el oficialismo se llena la boca con la cifra mágica del 0,01% de denuncias falsas (un dato que solo computa las condenas firmes por dicho delito, ignorando los miles de sobreseimientos por falta de veracidad), ANAVID pone el foco en la realidad: según datos del CGPJ, cerca del 80% de las denuncias por violencia de género terminan sin condena. ¿Son todas falsas? ¿Son muchas de ellas instrumentales? Pregúntenle a cualquier abogado de familia que no quiera perder su licencia por decir la verdad.