¿Dónde está la clave?. ¿En retorcer la mente buscando los adjetivos perfectos para que la opinión sea aplaudida por una inmensa minoría, o escribir de manera chabacana para que los mismos menosprecien el contenido?. No lo sé. Sé que no se lee y por lo tanto, esto no es más que un desahogo. Intuyo que estoy dentro de la rueda, ni siquiera porque lo haya elegido o luche por salirme, hay tipos mucho más inteligentes que han diseñado el futuro de manera que no podamos escapar. El panorama es de ciencia ficción, el mundo se destruye y el presente sólo una carrera para escapar de una muerte segura. Nada más, ni puedes escapar de ti mismo ni cambiar de planeta en busca de otra vida.
La democracia está en pleno debate, la herramienta que nos permite estar a salvo de la dictadura es la toallita que utilizamos para sonarnos los mocos. De boca es nuestra preferida, pero no dejamos de cuestionarla simplemente cuando decidimos no ir a votar. Aunque hacerlo tampoco soluciona mucho. El deterioro de esos a los que llamamos salvadores y protectores, es abismal. También consecuencia de nuestros propios actos, aunque lo neguemos. Decidir renunciar a participar por miedo a perder, es la puerta de entrada a quienes nada tienen que perder, y son legión. Dejamos nuestro futuro en manos de quienes nunca lo han tenido. Pan para hoy y hambre para mañana.
El primer cuarto de este siglo marca tendencia. Hemos entregado nuestras democracias a esos “líderes” que las erosionan. Ya no son necesarios los golpes de Estado, ni siquiera cabe esperar reacción del ejército, lo vemos en esta España que se diluye delante nuestra. Nuestro Herodes fagocita el poder, nubla la inteligencia de quienes la tenían, hipnotiza a las masas y sabe donde va, de ahí esa imagen imperturbable. Estamos invirtiendo la situación, no sólo no desaparecen los dictadores sino que se debilitan las democracias. Y su única solución sigue siendo insultar a los que todavía se molestan en ir a votar, hartos de las falsas promesas anquilosadas de quienes viven a cuerpo de rey. No, no se votan extremos en Alemania, Estados Unidos o donde usted quiera, se vota hartazgo. La tendencia la invertirá quien antes se de cuenta del problema.
En España hemos conseguido, en tiempo récord, convertirnos en el hazmerreír del mundo. Nos costó 40 años situarnos en el mapa de la decencia y ocho en retornar al sumidero. Un personaje tan perverso como inteligente nos conduce al abismo, al tiempo que sigue paso a paso y sin descanso, con su proyecto: arruinar el presente para controlar el futuro idiotizando a las nuevas generaciones. Hay maestros que le preceden en la historia. Stalin desplumaba pollos para después darles pienso y demostrar que el desgraciado siempre vuelve a a la mano del agresor. Sólo la educación garantiza la libertad. Y el informe PISA nos dice que estamos en la cola. Primer objetivo conseguido. ¿Todo lo demás? ¡bien, gracias!. Cuerpos de seguridad neutralizados, el ejército anulado, la Justicia endemoniada y la monarquía... en la senda que se les marca.
Creen los ignorantes que estas carganeras van a estar toda la vida dándoles el pan. En 2030 gastaremos más en intereses por deuda que en hospitales. Sin dinero, sin casa y sin democracia. Todos frikis. A lo mejor me arrepiento y resulta que no era todo tan nefasto como me lo pinto.