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14 de marzo de 1936: cuando el Frente Popular encarceló a José Antonio

14 de marzo de 1936: cuando el Frente Popular encarceló a José Antonio
porJavier Garcia Isac
opinion

Hay fechas que retratan con crudeza una época

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La detención de José Antonio Primo de Rivera marcó el inicio de un proceso político que culminaría con su asesinato. Un episodio que revela los métodos del Frente Popular y que hoy la izquierda pretende blanquear mientras reivindica aquel mismo nombre.

Hay fechas que retratan con crudeza una época. El 14 de marzo de 1936 es una de ellas. Ese día fue detenido José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange Española, por el gobierno del Frente Popular. No fue una detención cualquiera. Fue un paso más en una estrategia política que consistía en silenciar a la oposición mientras se toleraba —e incluso se alentaba— la violencia revolucionaria en las calles.

España vivía entonces uno de los momentos más convulsos de su historia contemporánea. Tras las elecciones fraudulentas de febrero de 1936, marcadas por graves irregularidades denunciadas incluso por historiadores poco sospechosos de simpatizar con la derecha, el Frente Popular se hizo con el poder. Aquella victoria abrió las puertas a un periodo de violencia política creciente, persecuciones ideológicas y descomposición institucional.

En ese clima de tensión, los asesinatos de militantes de derechas y desafectos con el Frente Popular se multiplicaban, mientras el gobierno mostraba una pasividad alarmante ante los agresores. En muchos casos, las víctimas eran jóvenes vinculados a Falange, una organización que crecía rápidamente en medio del caos político.

La respuesta del gobierno no fue detener a los asesinos ni restaurar el orden público. Fue detener a los líderes de la oposición.

Y entre ellos, el principal objetivo era José Antonio Primo de Rivera.

La detención del 14 de marzo

José Antonio fue arrestado en Madrid el 14 de marzo de 1936 bajo acusaciones políticas y administrativas que hoy resultan tan endebles como reveladoras. La verdadera razón de su detención no era jurídica. Era política.

El Frente Popular sabía que José Antonio representaba un proyecto político capaz de movilizar a miles de jóvenes en un momento en que el sistema republicano se descomponía. Su discurso combinaba crítica al liberalismo, rechazo al marxismo y una apelación a la unidad nacional que resultaba incómoda para el nuevo poder.

Por eso decidieron neutralizarlo.

Fue encarcelado primero en Madrid y posteriormente trasladado a la prisión de Alicante. Allí permanecería durante meses mientras España se deslizaba hacia el abismo.

Conviene recordar un dato esencial que la propaganda posterior ha tratado de borrar: José Antonio estaba en prisión cuando estalló la Guerra Civil.

No participó en conspiraciones militares.

No dirigió ningún levantamiento.

No formó parte de ninguna estrategia militar.

Estaba encarcelado por el propio gobierno republicano.

Una prisión política

Durante su encarcelamiento, hubo intentos y presiones para que fuera puesto en libertad. Incluso existieron advertencias jurídicas que señalaban la debilidad del procedimiento contra él.

Pero el Frente Popular tenía claro su objetivo: mantenerlo fuera de la vida política a cualquier precio.

La herramienta legal para hacerlo era la Ley de Defensa de la República, una legislación que permitía al gobierno detener y mantener en prisión a cualquier persona considerada peligrosa para el régimen. Era, en la práctica, un instrumento de represión política.

Con José Antonio se aplicó de forma implacable.

No importaba la ausencia de pruebas.

No importaba el deterioro del proceso judicial.

No importaba la presión internacional.

José Antonio no debía salir de prisión.

El asesinato del 20 de noviembre de 1936

El desenlace llegaría meses después.

El 20 de noviembre de 1936, José Antonio Primo de Rivera fue fusilado en la prisión de Alicante tras un proceso judicial plagado de irregularidades. Junto a él, son asesinados otros cuatro compañeros.

Su ejecución fue presentada como una sentencia judicial, pero la realidad es que fue una decisión política tomada en un contexto de guerra y de odio ideológico.

José Antonio tenía entonces 33 años.

Había pasado los meses decisivos del inicio de la Guerra Civil encerrado en una celda.

Murió sin haber participado en el conflicto que desgarraba España.

La memoria incómoda

Durante décadas, la izquierda española ha tratado de presentar el Frente Popular como una especie de precedente democrático.

Pero los hechos son obstinados.

El Frente Popular fue un gobierno incapaz de garantizar la seguridad de sus ciudadanos, permisivo con la violencia revolucionaria y dispuesto a utilizar el aparato del Estado para perseguir a sus adversarios políticos.

La detención de José Antonio el 14 de marzo de 1936 es una prueba evidente de ello.

Y su ejecución, ocho meses después, constituye uno de los episodios más oscuros de aquel periodo.

De la historia a la manipulación

Noventa años después de aquellos hechos, lejos de reconocer los excesos y crímenes de aquella época, la izquierda española parece reivindicar aquel legado.

No solo se niega a pedir perdón por la persecución religiosa, por los asesinatos políticos o por la violencia revolucionaria de los años treinta.

Ahora incluso recupera el nombre de Frente Popular como una marca política.

Como si aquello no hubiese ocurrido.

Como si aquel periodo no hubiese terminado en una tragedia nacional.

Como si la historia no hubiese demostrado adónde conducen el sectarismo y el odio.

La profanación final

A esta manipulación histórica se suma un episodio reciente que demuestra hasta qué punto el resentimiento sigue marcando la política española.

En 2023, el gobierno decidió exhumar los restos de José Antonio Primo de Rivera del Valle de los Caídos.

El Valle fue concebido originalmente como un lugar de reconciliación entre españoles tras la guerra. Un espacio donde reposaran víctimas de ambos bandos.

Pero para el actual poder político, la reconciliación nunca ha sido el objetivo.

La exhumación/profanación de José Antonio no fue un gesto histórico.

Fue un acto simbólico de revancha.

Una forma de reabrir heridas que durante décadas se habían intentado cerrar.

Una lección que no quieren recordar

La historia de la detención de José Antonio el 14 de marzo de 1936 no es solo un episodio del pasado.

Es también una advertencia.

Porque demuestra lo que ocurre cuando un gobierno deja de garantizar la neutralidad del Estado y decide utilizar el poder para perseguir a sus adversarios políticos.

Eso fue lo que ocurrió en la primavera de 1936.

Y por eso recordar aquella fecha no es un ejercicio de nostalgia ni de reivindicación ideológica.

Es, simplemente, un ejercicio de memoria histórica real.

La que algunos quieren borrar.

La que otros prefieren manipular.

Pero la que, tarde o temprano, siempre termina saliendo a la luz.



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