Los radares de tráfico, a menudo considerados una amenaza para los bolsillos de los conductores, son en realidad herramientas esenciales para la seguridad vial. La Dirección General de Tráfico (DGT) utiliza estos dispositivos en puntos estratégicos de las carreteras. Con la intención de controlar la velocidad de los vehículos y reducir los accidentes en tramos problemáticos.
La DGT tiene varios tipos de radares, siendo los más conocidos los fijos, los móviles y los de tramo. Los radares fijos y de tramo suelen estar señalizados, y los conductores habituales a menudo conocen su ubicación.
Sin embargo, los radares móviles son otra historia. Su carácter temporal y capacidad de movimiento los hacen prácticamente "invisibles" y más impredecibles. Esta imprevisibilidad es precisamente lo que los hace tan efectivos para mantener a los conductores a raya en términos de velocidad.

La nueva estrategia de la DGT
En un esfuerzo por seguir mejorando la seguridad vial y reducir la siniestralidad, la DGT está adoptando una nueva estrategia con los radares móviles. El director de la DGT, Pere Navarro, anunció recientemente que estos radares móviles se instalarán en lugares inesperados, especialmente durante la campaña de verano.
La idea es colocar estos radares en tramos de obra, áreas que han sido foco de atención de la DGT debido a su peligrosidad. Los tramos de obra presentan diversos riesgos, como la presencia de trabajadores, elementos extraños en la calzada y cambios temporales en el número de carriles. Esto aumenta el volumen de tráfico y la posibilidad de accidentes.







