La Guardia Civil ha detenido en Alicante a un hombre acusado de 36 delitos contra la libertad sexual de menores de 16 años. El detenido habría utilizado técnicas de 'grooming', haciéndose pasar por un adolescente llamado Juan para ganarse la confianza de sus víctimas y conseguir que le enviaran imágenes íntimas.
La operación, denominada 'Achillea', ha permitido a los agentes identificar a más de 20 víctimas especialmente vulnerables, con edades desde los ocho años, repartidas por todo el territorio nacional y también en el extranjero. El trabajo de los investigadores ha sido decisivo: durante más de una década, el acusado contactó con menores a través de aplicaciones de mensajería y redes sociales, llegando en algunos casos a presentarse como pareja sentimental de las víctimas para manipularlas emocionalmente.
Todo comenzó con la denuncia de una víctima residente en Gran Canaria, presentada ante la Guardia Civil en 2024. A partir de esa primera pista, el Equipo de Policía Judicial de la Guardia Civil en Santa María de Guía inició una investigación que terminó con el registro del domicilio del acusado en Alicante. Allí, los agentes intervinieron más de 200 dispositivos de almacenamiento —entre teléfonos móviles, discos duros, ordenadores y pen drives— con capacidad para más de 18.000 gigabytes, donde hallaron un volumen considerable de archivos con contenido de abuso sexual infantil.
Según la investigación, el detenido guardaba ese material para consumo personal, organizando lo que las fuentes policiales describen como una colección privada. La Sección Civil y de Instrucción del Tribunal de Instancia de Santa María de Guía ha decretado su ingreso en prisión, de forma comunicada y sin fianza, mientras continúa el análisis de los dispositivos incautados, lo que podría elevar el número de víctimas identificadas.
El caso vuelve a poner sobre la mesa una realidad incómoda: los depredadores sexuales en internet no necesitan acceder físicamente a un menor para hacerle daño. Basta una cuenta falsa, paciencia y la confianza de una víctima que no siempre cuenta lo que le está pasando. Desde asociaciones de protección a la infancia se insiste en lo mismo de siempre: revisar con quién hablan los hijos en redes y aplicaciones de mensajería, mantener canales abiertos de comunicación sin generar miedo, y denunciar cualquier indicio de contacto sospechoso ante la Guardia Civil o la Policía Nacional. La prevención, en estos casos, sigue siendo la herramienta más eficaz.