"No dejamos entrar a nadie, ni repartidores de paquetes ni de comida. Lo que pasó es muy grave y no queremos que se repita", explicó uno de ellos, visiblemente afectado. Declaraciones que han sido publicadas por El Mundo.
Los residentes, por su parte, han expresado su alarma. "Nunca imaginé que algo así pudiera ocurrir tan cerca de casa. Estamos todos asustados", comentó una madre de dos niños pequeños.
El suceso ha puesto en entredicho la efectividad de la seguridad privada en estas urbanizaciones, que muchos consideraban una garantía de tranquilidad. "Pagamos por vivir en un lugar seguro, pero ahora vemos que cualquiera puede entrar con una excusa. Esto nos ha abierto los ojos", lamentó un vecino.
La medida de restringir accesos ha reabierto el debate sobre el control de entradas en barrios residenciales, donde los repartidores solían moverse con libertad. Aunque algunos consideran la nueva norma incómoda, la mayoría la ve necesaria.
"Si hay que ir a la garita a recoger los pedidos, se va. Lo primero es proteger a los niños", afirmó un residente.
Mientras, la investigación policial sigue en curso para esclarecer los hechos y garantizar la seguridad. Las comunidades no han aclarado si las restricciones serán temporales o permanentes, pero los vecinos coinciden en que la prioridad es evitar que una tragedia así se repita.