Una violenta riada ha dejado una estela de muerte y destrucción en Nepal y el Tíbet, mientras los equipos de rescate buscan a más personas desaparecidas. El desastre se produjo durante la mañana del miércoles en una zona montañosa fronteriza, sorprendida por una gran crecida de agua y lodo.
Las autoridades elevan a más de 165 los fallecidos entre Nepal y el Tíbet, mientras la cifra de desaparecidos supera ampliamente los 1.300. Los trabajos de búsqueda se reanudaron antes del amanecer, aunque la lluvia y el terreno dificultan el acceso a las áreas afectadas por la riada.
El agua arrasó viviendas, carreteras y otras infraestructuras, dejando varias localidades aisladas y complicando las labores de rescate en la zona. En Nepal, la fuerza de la riada ha obligado a movilizar numerosos equipos de emergencia, que trabajan entre barro, escombros y zonas de difícil acceso.
En el Tíbet también se han registrado víctimas mortales, mientras continúa la búsqueda de personas cuyo paradero todavía no ha podido ser confirmado. Entre los desaparecidos figuran numerosos ciudadanos extranjeros que se encontraban en la zona afectada cuando se produjo la súbita crecida.
Las autoridades elevan a más de 165 los fallecidos entre Nepal y el Tíbet
Según las informaciones disponibles hasta ahora, habría al menos 800 extranjeros entre las personas que todavía no han podido ser localizadas. Los desaparecidos proceden de países como Portugal, Italia, Países Bajos, Reino Unido, Australia, India, Japón y Estados Unidos, entre otros.
El Gobierno español sigue de cerca la evolución de la tragedia después de confirmar que cuatro ciudadanos españoles permanecen todavía sin localizar. El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, ha señalado que por ahora no consta que ninguno de los cuatro españoles haya fallecido.
Las autoridades españolas mantienen la comunicación con las familias y con los grupos presentes en la zona para conocer cualquier novedad sobre su situación. La prioridad sobre el terreno es encontrar supervivientes y acceder a los puntos que continúan aislados por los graves daños causados por el agua.
Las autoridades elevan a más de 165 los fallecidos entre Nepal y el Tíbet
La lluvia mantiene además el riesgo de nuevos desprendimientos, una amenaza que obliga a los equipos de rescate a extremar las precauciones. La catástrofe ha golpeado una región de relieve montañoso, donde las comunicaciones son especialmente vulnerables ante episodios meteorológicos extremos.
Los servicios de emergencia trabajan contra el reloj mientras aumenta la preocupación entre las familias que esperan noticias de sus allegados desaparecidos. Las autoridades todavía no descartan que el balance de víctimas pueda aumentar debido a la dificultad para acceder a determinadas zonas afectadas.
La tragedia ha provocado una respuesta internacional y mantiene abiertas las vías diplomáticas para asistir a las personas afectadas por la catástrofe. El recuento actual refleja la enorme dimensión del desastre y mantiene la incertidumbre sobre cientos de personas cuyo paradero continúa sin conocerse.