
Tirón de orejas al Gobierno: los diplomáticos cargan contra Albares y revelan el colapso oculto del Ministerio de Exteriores
La ADE denuncia falta de medios y personal en Exteriores en plena crisis geopolítica global actual grave
El Gobierno vuelve a quedar en evidencia tras la carta de la Asociación de Diplomáticos Españoles (ADE) contra José Manuel Albares, ministro de Asuntos Exteriores. Los profesionales alertan directamente a Pedro Sánchez del colapso interno mientras Exteriores presume en sus discursos y abandona la gestión básica para los españoles. No es una queja menor, es un grito desesperado desde embajadas vaciadas y consulados saturados por decisiones políticas del Gobierno actual.
La ADE denuncia pérdida de medios, falta de personal crítico y direcciones claramente desbordadas justo cuando el mundo entra turbulencias geopolíticas globales. Hablan de oficinas estratégicas desaparecidas tras Ucrania, análisis cancelados y planificación sustituida por improvisación desde despachos cómodos del poder central. Mientras tanto, Albares sonríe en foros internacionales y deja a su plantilla trabajando con sistemas obsoletos y plantillas mínimas.

Exteriores desmantelado mientras Moncloa mira hacia otro lado
Los diplomáticos describen una gestión de recursos humanos opaca, arbitraria y anclada en normas antiguas que llevan décadas esperando actualización real. Denuncian falta de transparencia, ascensos incomprensibles y decisiones que se toman sin criterios técnicos mientras crece el malestar dentro del ministerio constantemente. El resultado es un servicio exterior debilitado, incapaz de responder a ciudadanos españoles y cada vez más desconectado de la realidad internacional.
La carta también señala la desaparición de la Oficina de Estrategia y Prospectiva, eliminada justo después de la invasión rusa de Ucrania sin explicaciones. Era el órgano encargado de estudiar escenarios complejos y proponer respuestas estratégicas, hoy sustituido por ocurrencias políticas desde despachos climatizados. Cerrar ese espacio de análisis fue una irresponsabilidad mayúscula que evidencia la nula visión del equipo de Albares.
Las embajadas trabajan con menos consejeros que otros países europeos y numerosos edificios presentan deterioro grave por falta de presupuestos sostenidos. Los propios diplomáticos alertan de riesgos para empleados públicos y usuarios, mientras Moncloa prioriza propaganda internacional y fotografías institucionales vacías. Así se construye una política exterior frágil, basada en gestos y no en estructuras sólidas.
Más inmigración, menos recursos y un reglamento anclado en 1955
A esta precariedad se suma la futura regularización de inmigrantes, que disparará reagrupaciones familiares gestionadas por consulados ya desbordados. El volumen de trabajo aumenta sin refuerzos, generando frustración entre españoles en el exterior que reclaman derechos básicos ignorados sistemáticamente. El Gobierno crea problemas administrativos mientras abandona a quienes deben resolverlos.
Los diplomáticos también exigen eliminar residuos franquistas del reglamento de la carrera diplomática, vigente desde mil novecientos cincuenta y cinco todavía. Aseguran que el subsecretario ignoró sus peticiones y se negó incluso a compartir un proyecto ya aprobado en Consejo de Ministros. Otra muestra de desprecio interno hacia profesionales que sostienen la imagen de España fuera.
Lo que emerge es un ministerio paralizado, dirigido sin rumbo, y un Ejecutivo que permite el deterioro por pura desidia política. Albares ha convertido Exteriores en un decorado, mientras Sánchez mira encuestas y olvida la seguridad institucional del país. España necesita diplomacia fuerte, no ministros ausentes ni gobiernos que abandonan a sus propios servidores públicos.
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