La seguridad de la Feria de Albacete ha quedado bajo el foco después de que un joven de 23 años resultara herido por arma blanca en pleno recinto ferial durante la madrugada del domingo. Un episodio especialmente incómodo para el Ayuntamiento que dirige el popular Manuel Serrano, que había presentado para estas fiestas un amplio dispositivo destinado, precisamente, a prevenir incidentes en una celebración que mueve a millones de personas.
El aviso llegó al 112 pasadas las doce de la noche. El joven fue atendido inicialmente en el entorno de la Feria y posteriormente trasladado en UVI al Hospital General Universitario de Albacete. Policía Nacional y Policía Local intervinieron en el suceso. Según la información policial recogida posteriormente por medios locales, el ataque se produjo durante una pelea entre vendedores ambulantes.
El alcalde de Albacete, Manuel Serrano
Y ahí aparece la principal grieta del dispositivo diseñado para la Feria. Antes de su inauguración, el Ayuntamiento anunció expresamente una “fase preventiva de la venta ambulante” para reducir su presencia durante las fiestas. El plan contemplaba además 45 policías locales por turno, 60 vigilantes de seguridad privada y un dispositivo de Policía Nacional compuesto por 315 agentes.
Un amplio dispositivo que terminó con un joven apuñalado en un pelea entre vendedores ambulantes
El despliegue era amplio. Pero el incidente obliga a preguntarse si el problema estaba únicamente en el número de efectivos o también en cómo se estaban vigilando determinados puntos y actividades del recinto.
Más aún cuando el apuñalamiento no fue el único episodio violento conocido durante esas horas: también se registraron otras agresiones en los Ejidos y en una carpa de la Feria.
Pese a ello, apenas un día después, Serrano defendía públicamente que los grandes retos de seguridad, limpieza y movilidad se estaban resolviendo gracias a la planificación municipal. La rápida atención sanitaria demuestra que el dispositivo de emergencias respondió. Otra cuestión es si la prevención estuvo a la misma altura.
Con más de 2,6 millones de tránsitos acumulados, ningún dispositivo puede garantizar el riesgo cero. Pero cuando el Ayuntamiento convierte la seguridad en una de sus principales banderas y anuncia controles específicos sobre la venta ambulante, una pelea entre vendedores que termina con un arma blanca deja una pregunta inevitable: ¿qué falló antes de que tuviera que intervenir la UVI?