Las protestas antigubernamentales de enero, que reclamaban el fin de la República Islámica, fueron reprimidas con dureza. El balance oficial habla de 3.117 muertos, mientras que la organización HRANA eleva la cifra a más de 7.000 y sigue verificando otros casos. Además, la ONU señala que en 2025 se registraron 1.500 ejecuciones en Irán, un 50 % más que el año anterior.
En ese contexto, las autoridades sitúan los hechos el 8 de enero en la ciudad de Qom. Según su versión, tres individuos atacaron con armas blancas a dos agentes de seguridad en distintos puntos, provocando su muerte. Los acusados fueron detenidos posteriormente en operaciones de seguridad e inteligencia.
Los tres condenados, Mehdi Ghasemi, Saleh Mohammadi y Saeid Davudi, fueron declarados culpables de asesinato. También se les acusó de actuar en favor de Israel y Estados Unidos y de incurrir en “moharebeh”, delito vinculado a amenazas contra la seguridad pública y el orden islámico. Las autoridades afirman que confesaron los hechos y reconstruyeron el crimen durante el proceso.








