La directora del Servicio Secreto de Estados Unidos, Kimberly Cheatle, anunció su dimisión el pasado martes. Esto tras las críticas suscitadas por los errores en la seguridad del mitin en Butler (Pensilvania), en el que el expresidente Donald Trump sufrió un intento de asesinato.
Cheatle dejó la agencia de seguridad solo 24 horas después de haber reconocido ante los legisladores demócratas y republicanos que el organismo había fracasado en su misión de proteger al expresidente. Que recordemos que recibió un tiro en la oreja durante el acto, donde perdieron la vida dos personas. Sin embargo, sus respuestas no dejaron satisfechos a los líderes del Comité de Supervisión de la Cámara que celebraron la audiencia el lunes.

La oposición republicana había pedido la renuncia de Cheatle. Al frente de la agencia encargada de la seguridad del magnate después de que testigos del suceso en Butler alertaran. Dos minutos antes de los disparos, sobre la sospechosa presencia del agresor, un joven de 20 años cuyos motivos aún se desconocían y que fue abatido por agentes del Servicio Secreto.
Durante la audiencia de ese lunes, los republicanos protestaron por la negativa de Cheatle. A responder la mayoría de sus preguntas, alegando que había varias investigaciones en curso. Con las que el Servicio Secreto estaba colaborando para esclarecer qué falló en el operativo.
Sin embargo, la propia Cheatle fue contundente con sus palabras antes de dar a conocer su renuncia. "La misión solemne del Servicio Secreto es proteger a los líderes de nuestra nación. Y el 13 de julio fallamos".
También asumió “toda la responsabilidad” por lo que había pasado ese día. La mujer aseguró que se sentía “orgullosa más allá de las palabras” de cómo reaccionaron sus agentes después de los disparos. Cheatle, quien llevaba tres décadas en el cuerpo y había trabajado protegiendo a Joe Biden cuando era vicepresidente, ostentaba un cargo político y tenía autoridad sobre 8.000 agentes.








