A medida que se acercan las elecciones autonómicas del 17 de mayo en Andalucía, el PSOE afronta una campaña marcada por la desconfianza interna y el temor a nuevos errores. Las encuestas no acompañan y, en este contexto, el equipo de la candidata, María Jesús Montero, ha optado por una estrategia defensiva: reducir la exposición pública y limitar al máximo los riesgos.
Según fuentes del propio partido, los asesores han trasladado a Montero una recomendación clara: acortar los mítines y ceñirse a guiones más cerrados para evitar declaraciones que puedan generar polémica. La medida refleja la preocupación creciente dentro del PSOE por los deslices que han marcado intervenciones anteriores y que han obligado a rectificaciones públicas.
Lejos de ser un ajuste menor, esta decisión evidencia el clima de nerviosismo en el entorno socialista. Dirigentes del partido admiten que Montero tiene tendencia a “dejarse llevar” en sus discursos, lo que en plena campaña puede convertirse en un problema serio. “Una frase fuera de lugar puede marcar la agenda durante días”, reconocen desde filas socialistas.
Campaña marcada por los errores
El recuerdo de episodios recientes sigue muy presente. Algunas intervenciones de Montero en actos públicos han generado controversia, como sus palabras sobre la presunción de inocencia en el caso de Dani Alves, que acabaron provocando críticas y obligando a matizar su posición.
A esto se suman otros momentos incómodos en los que su estilo más espontáneo, con bromas o comentarios personales, ha terminado generando ruido político innecesario. En el partido reconocen que este tipo de situaciones distrae del mensaje principal y debilita la campaña.







