Las recientes declaraciones de Jessica Rodríguez, expareja del exministro socialista de Transportes José Luis Ábalos, han añadido una nueva capa de complicaciones a la estrategia de su defensa.
En el marco de la investigación por presunta corrupción en el denominado 'caso Koldo', las afirmaciones de Jéssica han puesto en entredicho al diputado nacional. Esto, en cuanto a los intentos de Ábalos por desacreditar los informes de la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil. Los que le señalan como figura clave en una trama de favores y contratos irregulares.
Jéssica, quien mantuvo una relación sentimental con Ábalos durante su etapa como ministro, reconoció ante el Supremo que fue contratada por las empresas públicas Ineco y Tragsatec. Ambas dependientes del Ministerio de Transportes. Esto, sin haber realizado trabajo alguno a cambio de los sueldos percibidos.

En su declaración del pasado 27 de febrero, afirmó que asumía que su contratación fue gestionada por mediación de Ábalos. Una confesión que contradice las afirmaciones del exministro, quien ha negado cualquier intervención en dichas colocaciones.
Estas palabras de Rodríguez refuerzan las sospechas de la UCO sobre un posible tráfico de influencias, al sugerir que Ábalos utilizó su posición para beneficiar a su entonces pareja.
Es preciso subraya que Jéssica admitió que desconocía quién pagaba el alquiler del lujoso piso en la Plaza de España de Madrid donde residió durante casi tres años. Un inmueble que, según la UCO, fue financiado por el empresario Víctor de Aldama, con un coste mensual de 2.700 euros.








