El trágico accidente ferroviario ocurrido el pasado domingo 18 de enero en Adamuz (Córdoba) no es un episodio aislado dentro de la red ferroviaria española. El descarrilamiento y posterior choque entre dos trenes de alta velocidad, que ha dejado al menos 41 fallecidos. Se produce en un contexto marcado por un preocupante aumento de la siniestralidad ferroviaria en los últimos años.
El siniestro tuvo lugar a las 19:45 horas en un tramo que ya había sido catalogado como conflictivo. Desde 2022, Adif ha registrado al menos 20 incidencias técnicas en la infraestructura ferroviaria de Adamuz. La primera de ellas relacionada con un problema en la catenaria entre Alcolea de Córdoba y Adamuz.

Desde entonces, se han sucedido averías, fallos técnicos y episodios meteorológicos adversos que han provocado interrupciones y retrasos en la circulación ferroviaria.
Aunque el accidente de Adamuz es el más grave por número de víctimas, no es el único descarrilamiento registrado en España en los últimos años. La Agencia Estatal de Seguridad Ferroviaria (AESF) contabilizó solo en 2025, 10 accidentes significativos, entre ellos cuatro descarrilamientos y tres colisiones.
Si bien la mayoría no causaron víctimas, el balance incluye dos fallecidos en pasos a nivel y seis heridos graves. La AESF identifica causas recurrentes como deficiencias técnicas, errores humanos y carencias en los sistemas de comunicación y supervisión. Además de riesgos emergentes como el robo de calces antideriva o el remolque de trenes averiados sin control suficiente.








