La política penitenciaria en el País Vasco vuelve a situarse en el centro del debate. Desde la llegada de María Jesús San José a la Consejería de Justicia y Derechos Humanos en 2024, se ha acelerado la concesión de tercer grado y regímenes de semilibertad a presos de ETA, una dinámica inaceptable.
Los datos reflejan una tendencia clara. En este tiempo se han concedido más de 30 terceros grados y diversas medidas de flexibilidad penitenciaria. En la práctica, esto se traduce en un ritmo constante: aproximadamente una nueva salida cada dos semanas. Esto no es una decisión puntual, sino de una política mantenida en el tiempo con un patrón reconocible.
El contexto político tampoco es ajeno a esta situación. Estas decisiones llegan en un momento en el que el frágil Gobierno de Pedro Sánchez depende del apoyo parlamentario de formaciones como EH Bildu, lo que ha intensificado las sospechas sobre posibles concesiones en materia penitenciaria.
Beneficios a condenados por delitos graves
Entre los beneficiados aparecen nombres especialmente sensibles, como antiguos dirigentes de ETA o condenados por atentados de gran impacto. Casos como los de ‘Txeroki’ o ‘Anboto’ han vuelto a poner sobre la mesa el debate sobre los límites de la reinserción y el momento en el que deben concederse este tipo de beneficios.







