
Los independentistas rabian ante el Rey Gaspar en Valldoreix (Barcelona) por hablar español en su discurso
VOX calificó de inaceptable que la cabalgata se convirtiera en un lugar para presionar
Tras la polémica vivida durante la Cabalgata, VOX manifestó su apoyo a la libertad de expresión de los vecinos de Valldoreix, en Barcelona. Recordó que el uso del español no puede ser motivo de reproches. Los incidentes se produjeron cuando un reducido grupo de personas recriminó al Rey Gaspar que ofreciera su parlamento en castellano.
VOX calificó de inaceptable que una celebración de carácter familiar y dirigida a los niños, como es la cabalgata de Reyes, se convierta en un lugar para presionar. Que lo conviertan en un lugar para estigmatizar a las personas que hablan en español, idioma oficial en Cataluña y el más utilizado por la mayoría de la población.
El partido remarcó que estas fiestas deben favorecer la ilusión y el entendimiento entre vecinos, basándose en el respeto mutuo. Esto, sin dar cabida a intentos de enfrentamiento lingüístico ni a planteamientos de corte ideológico que busquen imponer criterios excluyentes.

Juan Pich-Aguilera, portavoz de VOX en Valldoreix, recordó que millones de ciudadanos de Cataluña emplean el español como idioma habitual. Explicó que su condición de lengua oficial impide que alguien sea reprendido por utilizarlo en cualquier convocatoria abierta al público, especialmente cuando se trata de una celebración pensada para los niños. A su juicio, ninguna fiesta infantil debe transformarse en un espacio de censura ni de reproches por motivos lingüísticos.
El representante del partido advirtió también de que existe un sector reducido y radical que intenta proyectar una imagen de Cataluña exclusivamente monolingüe. Algo que —según denunció— no se corresponde con la realidad social y deja fuera a una parte muy relevante de la población. Pich-Aguilera quiso dejar claro que esas actitudes de intolerancia no reflejan el sentir mayoritario de los vecinos de Valldoreix.
Para concluir, defendió que el entendimiento y la libertad de elegir idioma han de situarse por encima de cualquier imposición. Recalcó que ningún ciudadano puede dictar a otro cómo debe expresarse y que la convivencia solo es posible desde el respeto mutuo.
Y es que el español ha sido un idioma maltratado en la región, por ejemplo, por Carles Puigdemont. El prófugo calificó la presencia del uso del castellano en Barcelona como una "deriva supremacista" en Barcelona. El líder de Junts se expresó así en un mensaje publicado en su cuenta oficial de la red social X, donde denunció un caso en un bar local.
Según relató el escritor Pep Antoni Roig, una camarera de un bar le impidió poner música en catalán y le dijo que "odiaba lo catalán". Puigdemont aprovechó el hilo para cargar contra lo que denominó odio lingüístico y acusar al Estado de perseguir a los catalanohablantes.
Afirmó que se quiere obligar a los catalanes a "abrazar" una lengua en la que, según él, “se les pega, insulta, espía y persigue”. El expresident pidió al alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, actuar ante lo que considera un ataque a los derechos lingüísticos.
Acusó al consistorio de permitir que se practique “odio contra el catalán” en establecimientos abiertos al público en la capital catalana.
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