Durante un mitin de campaña en Butler, Pensilvania, el expresidente Donald Trump fue objeto de un intento de asesinato. Que resultó en la trágica muerte de dos personas, incluido el sospechoso del ataque.
Este suceso ha generado una intensa polémica sobre la efectividad del Servicio Secreto y la seguridad en eventos de alto perfil. Aquí analizamos las pruebas y testimonios que sugieren posibles fallos en el operativo de seguridad del evento.
Testigos en el mitin han señalado fallos significativos en la seguridad. Uno de los asistentes afirmó haber intentado avisar a la policía durante varios minutos sobre un hombre armado con un rifle. Que se encontraba en un tejado cercano, pero sus advertencias fueron ignoradas.
Este testimonio sugiere que el atacante, identificado como Thomas Matthew Crooks, utilizó un rifle de francotirador para llevar a cabo el ataque.
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Informes extraoficiales corroboran la versión del testigo, indicando que el disparo se realizó desde una posición elevada. Lo cual plantea serias preguntas sobre la vigilancia y el monitoreo de los alrededores del evento.
La distancia entre el presidente Trump y el tirador era de 137 metros. Una distancia considerable pero dentro del rango de acción de un francotirador bien entrenado.
Respuesta del Servicio Secreto
Tras el tiroteo, el Servicio Secreto emitió un comunicado asegurando que el expresidente Trump estaba a salvo y que se encontraba bien tras el incidente. Trump fue trasladado a un hospital para una evaluación médica. Aunque no sufrió heridas graves, el hecho de que el atacante lograra disparar plantea serias dudas sobre la preparación y respuesta del equipo encargado de proteger al expresidente.
Imágenes del mitin mostraban a Trump siendo escoltado fuera del escenario con el puño en alto. En un intento de tranquilizar a sus seguidores y demostrar fortaleza a pesar del caos vivido. Sin embargo, la pregunta que muchos se hacen es: ¿por qué el Servicio Secreto no intervino antes para neutralizar al tirador?







