España sigue en shock. Tras el anuncio de Sánchez de que se tomará hasta el lunes para decidir si dimite de su cargo por el escándalo de su mujer Begoña Gómez que él circunscribe a una campaña de la ultraderecha política, mediática y judicial contra su familia.
Las teorías de su sorprendente movimiento son muy dispares: desde una decisión estratégica para victimizarse y salir reforzado con el apoyo de su militancia a lo Fidel Castro hasta una dimisión en diferido presionado por potencias como Israel que podrían tener datos sensibles de su teléfono móvil y de su mujer obtenidos por Pegasus.
Lo cierto es que el presidente del Gobierno tomó la decisión sin avisar a nadie de su Gobierno (solo la consultó con su mujer) y sumió a su formación en un estado de incertidumbre hasta el día de hoy pues los primeros movimientos dentro de la cúpula del PSOE y las declaraciones de sus representantes como José Luis Rodríguez Zapatero empiezan a vislumbrar que Sánchez no se irá el lunes y que solo se trata de una nuevo ejercicio de propaganda para reforzarse en el poder y hacer ver que el caso de su mujer es injusto. Una especie de plebiscito a lo Fidel Castro donde la batalla de las redes tendrán mucho que decir.

Las federaciones territoriales del PSOE están convocando por orden de Ferraz reuniones para impulsar declaraciones de apoyo a Sánchez en los próximos días y movilizaciones ciudadanas. El partido quiere convencer a Sánchez de que debe quedarse aprovechando que el sábado se celebra el Comité Federal donde Sánchez no acudirá.








