José Luis Ábalos y su inseparable asesor Koldo García comparecen ante la justicia intentando escapar del banquillo que ellos mismos se ganaron. El escándalo que nació en el corazón del sanchismo vuelve a estallar en el Tribunal Supremo. Y mientras tanto, Pedro Sánchez guarda silencio.
No es un trámite cualquiera. Es la antesala del juicio por una trama que huele a comisiones, favores y contratos públicos repartidos en plena pandemia. Millones de euros en material sanitario bajo sospecha mientras los españoles estaban confinados.
Ábalos intenta ahora una jugada de manual: dejar el escaño para intentar huir del Supremo. Lo hizo tarde, cuando el juicio oral ya estaba abierto. La jurisprudencia es clara, pero el exministro prefiere forzar la máquina antes que asumir responsabilidades.

El sanchismo en el banquillo
No hablamos de un cargo menor. Ábalos fue número dos del PSOE, ministro de Transportes y arquitecto clave de la investidura de Sánchez. Koldo no era un asesor cualquiera, era su sombra.
Durante meses se refugiaron en el aforamiento mientras el instructor advertía del “estupor social” que provocaba ver a un ministro investigado aferrado al escaño. El Gobierno miró hacia otro lado. Moncloa optó por proteger al suyo.
Ahora alegan indefensión, pérdida de juez natural y vulneración de derechos. Lo que no explican es cómo una empresa concreta recibió contratos millonarios en pleno estado de alarma. Tampoco aclaran por qué aparecen pagos, alquileres y beneficios personales en la ecuación.







