El Gobierno vuelve a mentir mientras Óscar Puente controla Transportes y promete normalidad, ocultando retrasos masivos y caos ferroviario diario en España. La línea Madrid Sevilla sigue rota tras Adamuz, viajeros atrapados, horarios borrados y un ministerio incapaz de decir verdades básicas a todos. Hasta dónde vamos a llegar con las mentiras oficiales, cuando cada anuncio cambia y nadie asume responsabilidades políticas reales en este país.
Ni Renfe ni Adif ofrecen fechas claras, solo excusas meteorológicas y promesas huecas mientras el corredor permanece parcialmente cerrado desde hace semanas. Las operadoras cambian calendarios, cancelan billetes y remiten preguntas al gestor público, que castigan directamente a familias y empresas cada día. El viaje ya supera las cinco horas, retrocediendo décadas, como antes del AVE, mientras Puente guarda silencio cómodo en despachos oficiales.
Mentiras oficiales y vías abandonadas
Se imponen límites absurdos de treinta kilómetros por hora, averías repetidas y detectores sin supervisión en tramos críticos. Cada incidencia revela abandono inversor, mantenimiento tardío y prioridades políticas equivocadas, mientras Andalucía paga con retrasos interminables. Hablan de temporal, pero los problemas llevan semanas documentados, con agujas rotas y contraagujas defectuosas ignoradas por técnicos desde hace meses.
El ministerio comunica una cosa el lunes, otra el miércoles, y obliga a miles de personas a reorganizar trabajos, citas médicas y familias cada semana. Mientras tanto, el Gobierno presume de inversiones futuras que nunca llegan, escondiendo que los trenes circulan a ochenta o treinta kilómetros por hora. Este caos no es puntual, es un modelo de gestión basado en improvisación permanente y propaganda sustituyendo planificación seria para España.








