
Viaja por Europa mientras España arde: el doble fracaso de Pedro Sánchez
El presidente del Gobierno aterriza en Bélgica vendiendo liderazgo mientras España sigue sin peso real en Bruselas
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, aterriza en Bélgica vendiendo liderazgo europeo mientras España sigue sin peso real en Bruselas. Acude a una cumbre informal de la Unión Europea en el castillo de Alden Biesen con un discurso reciclado sobre “velocidades distintas”. Otra gira internacional para aparentar influencia que no tiene.
Sánchez llega sin declaraciones públicas y sin protagonismo previo en las reuniones preparatorias, mientras otros líderes coordinan posiciones estratégicas. Su propuesta pasa por permitir acuerdos sin unanimidad, una fórmula que esconde incapacidad para construir consensos reales. En lugar de unir Europa, acepta fragmentarla.
El encuentro, convocado por António Costa, busca reforzar competitividad y mercado único, pero Sánchez vuelve a colocarse en segundo plano. España no lidera debates clave y su presidente se limita a repetir mantras económicos. Mucho discurso y poca influencia.

Un presidente ausente en las decisiones clave
Mientras Sánchez hablaba de integración flexible, ni siquiera estuvo presente en una reunión previa de líderes donde se marcó el rumbo del encuentro. Es el reflejo exacto de su papel en Europa: llega tarde y aporta poco. Otros deciden, España escucha.
El presidente asume sin resistencia la idea lanzada por Ursula von der Leyen de avanzar a dos velocidades cuando no haya acuerdos. Sánchez no propone, se suma. No lidera, sigue.
También vuelve a sacar del cajón los eurobonos y la deuda conjunta, fórmulas que repite desde hace años sin resultados tangibles. Promete mercados industriales europeos y acero bajo carbono producido en España, pero nadie concreta inversiones ni plazos. Bruselas oye, pero no actúa.
Habla de competitividad, formación y talento extranjero, mientras su propio país pierde profesionales y empresas por inseguridad jurídica y presión fiscal. Sánchez intenta vender futuro europeo cuando ni siquiera ordena el presente nacional. Su agenda exterior es escaparate.
Corrupción en casa, discursos vacíos fuera
Sánchez pretende dar lecciones en Europa mientras su Gobierno arrastra escándalos como el 'caso Koldo' y las investigaciones sobre su entorno. Las dudas sobre contratos públicos han erosionado seriamente su credibilidad internacional. Nadie toma en serio a un presidente cercado por polémicas domésticas.
Bruselas observa cómo el Ejecutivo español sobrevive gracias a pactos con independentistas y populistas. Sánchez habla de estabilidad mientras gobierna con mayorías frágiles y concesiones constantes. Esa debilidad también se percibe fuera de España.
Defiende el “Made in Europe” sin capacidad para convencer a Alemania o a los países nórdicos. Francia empuja, otros frenan y España queda en tierra de nadie. Otra oportunidad perdida para influir.
Viaja, posa y pronuncia discursos grandilocuentes, pero vuelve sin resultados concretos. Europa avanza sin contar con España, y Sánchez confunde presencia con liderazgo. Porque liderar no es asistir a cumbres.
Liderar es convencer, construir y tener autoridad moral. Y hoy Pedro Sánchez no tiene ninguna de las tres.
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