
El doble discurso de Pedro Sánchez: arremete contra Trump mientras dispara por 200 la compra de armas a EE. UU.
La política exterior de Moncloa vuelve a caminar en dirección contraria a su relato
España ha multiplicado por doscientas sus compras de armas a Estados Unidos mientras Pedro Sánchez atacaba públicamente la dependencia militar de Washington. Los datos oficiales reflejan un salto descomunal en las importaciones de material bélico estadounidense en el último ejercicio. El contraste entre discurso y realidad resulta demoledor.
El Gobierno presume de autonomía estratégica europea mientras firma contratos millonarios con la industria militar norteamericana. La diferencia entre lo que se decía hace un año y lo que se ha ejecutado ahora no es menor, es abismal. La política exterior de Moncloa vuelve a caminar en dirección contraria a su relato.
El incremento no responde a una compra puntual ni a una operación aislada, sino a un cambio de escala. España pasó de importes residuales a cifras millonarias en apenas un ejercicio presupuestario. Cada licencia de importación requiere autorización política, y eso sitúa la responsabilidad en el Ejecutivo.
Todo ello ocurrió mientras Sánchez criticaba a Donald Trump y cuestionaba las exigencias de gasto de Washington en el marco de la OTAN. El presidente español hablaba de soberanía europea al mismo tiempo que reforzaba la dependencia militar exterior. La incoherencia no es retórica, es contable.

Sánchez dispara el gasto en armas estadounidenses mientras predica independencia
Las cifras muestran que las compras españolas a Estados Unidos se dispararon frente al año anterior, multiplicando por doscientas el volumen registrado previamente. No se trata de un ajuste técnico, sino de una escalada que cambia la dimensión del gasto. El dinero público español terminó alimentando a fabricantes militares norteamericanos.
Moncloa justifica estas operaciones por razones estratégicas, pero evita explicar por qué no se priorizaron alternativas europeas. Si la autonomía fuera una prioridad real, el destino de esos contratos habría sido distinto. En lugar de fortalecer la industria continental, se reforzó la dependencia exterior.
La contradicción es estructural. Mientras el presidente acusa a Washington de imponer agendas en defensa, España firma cheques que consolidan esa influencia. La política de defensa se convierte así en un ejercicio de doble discurso.
Autonomía en el discurso, dependencia en los hechos
El Gobierno habla de liderazgo europeo, pero los números reflejan otra cosa. La mayor parte del armamento adquirido procede del mercado estadounidense, dejando en segundo plano la industria europea que Sánchez dice querer potenciar. La brecha entre promesa y ejecución es evidente.
La oposición exige explicaciones sobre los criterios de compra y la falta de transparencia en el incremento del gasto. No se ha producido un debate parlamentario proporcional a la magnitud del salto presupuestario. Las decisiones se adoptaron sin un contraste público acorde a su impacto.
Más allá de la geopolítica, la cuestión es económica y estratégica. Cada euro invertido fuera es un euro que no impulsa empleo, tecnología y capacidad industrial en Europa. Sánchez habla de soberanía estratégica, pero actúa como cliente preferente del complejo militar estadounidense.
En definitiva, España compra como nunca a Estados Unidos mientras su presidente proclama independencia. El doble discurso vuelve a quedar al descubierto con cifras oficiales en la mano. Y la factura, como siempre, la paga el contribuyente.
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