Una vez más, el Delegado del Gobierno en Madrid se pone del lado de unos y no de otros. Ha descrito las protestas propalestinas de este fin de semana como:
«pacíficas» y «un ejemplo de dignidad»
Obviando que, detrás de la fachada solidaria, muchas de estas marchas se convierten en escenarios de violencia y mensajes radicales. Llama la atención que el Gobierno imponga tantas trabas a agricultores, transportistas y colectivos críticos con sus políticas.

En cambio, adopta una actitud mucho más permisiva con protestas ideológicas vinculadas a causas internacionales, alejadas de las preocupaciones reales y urgentes de los ciudadanos. El Delegado del Gobierno prefiere ensalzar unas marchas que obligaron incluso a agentes de policía a retirarse por la violencia de ciertos manifestantes. Mientras ciudadanos que simplemente paseaban por la zona eran increpados y acosados.
Todo esto ocurre en una ciudad donde los vecinos tienen preocupaciones mucho más urgentes: inseguridad, inflación y el día a día. Pero, una vez más, el Gobierno decide legitimar a quienes le conviene y demonizar a quienes le incomodan.








