La imputación de la directora general de la Guardia Civil, Mercedes González, y del director adjunto operativo (DAO) del Instituto Armado ha provocado un auténtico terremoto político y judicial. La investigación abierta en la Audiencia Nacional gira en torno a presuntos delitos de prevaricación y obstrucción a la justicia relacionados con el caso de Leire Díez y con actuaciones internas contra la UCO, el órgano que investiga varias causas sensibles que afectan al entorno del Gobierno y del PSOE.
La causa se encuentra todavía en fase de instrucción, pero el alcance penal de ambos delitos podría acarrear consecuencias extremadamente graves para los altos mandos investigados si finalmente fueran condenados.
El caso Leire Díez cerca a la directora de la Guardia Civil
El delito de prevaricación administrativa, recogido en el artículo 404 del Código Penal, castiga a la autoridad o funcionario público que dicte una resolución arbitraria a sabiendas de su injusticia. Se trata de uno de los delitos más habituales dentro de los procedimientos relacionados con corrupción política o abuso de poder institucional.
En términos prácticos, la prevaricación implica utilizar la posición pública para adoptar decisiones contrarias a la legalidad con plena conciencia de ello. Entre los ejemplos más frecuentes figuran adjudicaciones irregulares, decisiones administrativas arbitrarias o actuaciones dirigidas a favorecer intereses concretos saltándose los procedimientos establecidos.
La pena prevista para este delito no suele implicar cárcel, pero sí una severa inhabilitación especial para empleo o cargo público de entre nueve y quince años. Una condena de este tipo supondría, en la práctica, el final inmediato de la carrera institucional tanto de Mercedes González como del DAO de la Guardia Civil.
Además, la investigación también apunta al posible delito de obstrucción a la justicia, regulado en los artículos 463 y 464 del Código Penal. Este ilícito castiga las actuaciones dirigidas a alterar, dificultar o interferir en investigaciones judiciales o policiales.
Las pesquisas tratan de determinar si desde la cúpula de la Guardia Civil se impulsaron actuaciones administrativas contra mandos de la UCO después de reuniones y contactos mantenidos con la exmilitante socialista Leire Díez, investigada por su presunta implicación en maniobras dirigidas a desacreditar investigaciones que afectaban al entorno del Ejecutivo.
Directora de la Guardia Civil imputada por prevaricación y obstrucción a la justicia
La gravedad de este delito aumenta considerablemente cuando existen presiones, intimidaciones o actuaciones encaminadas a modificar el desarrollo normal de una investigación judicial.
En los supuestos más graves, la obstrucción a la justicia puede castigarse con penas de prisión de uno a cuatro años, además de multas económicas e inhabilitación para empleo o cargo público.
El Código Penal contempla incluso agravantes específicas cuando los responsables son autoridades, funcionarios públicos o personas vinculadas directamente a la Administración de Justicia. En esos casos, las penas pueden imponerse en su mitad superior.
La investigación judicial se centra especialmente en varios mensajes y reuniones que, según la UCO, reflejarían intentos de influir en actuaciones internas relacionadas con investigaciones sobre la trama de hidrocarburos y otros procedimientos sensibles.
La imputación de dos de las máximas autoridades de la Guardia Civil sitúa el caso en una dimensión institucional sin precedentes recientes. La Audiencia Nacional deberá determinar ahora si los indicios recopilados son suficientes para acreditar la existencia de resoluciones arbitrarias o maniobras destinadas a interferir en investigaciones judiciales en marcha.