Las elecciones gallegas de febrero de 2024 tampoco mejoraron la reputación del CIS. Acertó con el ganador, pero falló en casi todo lo demás. El barómetro pronosticó para el PP entre 34 y 38 escaños.
Finalmente, el partido mantuvo su mayoría absoluta sin apuros. Por otro lado, dio al BNG una horquilla de 24 a 31 escaños, un rango tan grande reveló poca precisión. Ana Pontón se quedó en 25, muy lejos del margen más optimista ofrecido por Tezanos.
El caso vasco fue aún más contundente. El CIS se equivocó de ganador e infló a Bildu. Infravaloró al PNV, y falló al estimar el voto del PP, calculando más de un 25 % menos del apoyo real.
El error afectó a lo esencial: quién ganaba. Y eso elevó la crítica pública.
En las catalanas volvió a ocurrir algo similar. El CIS acertó con el vencedor pero sobreestimó el voto del PSC e infravaloró las opciones de Junts.
También dio más apoyo a ERC del que finalmente obtuvo. De nuevo, una tendencia: inflar al PSOE y fallar con los partidos decisivos.
La última gran polémica llegó con las elecciones europeas de 2024. El CIS dio ganador al PSOE y volvió a equivocarse. También sobreestimó a Sumar y a "Se Acabó la Fiesta" y redujo en casi cuatro puntos el voto del PP.
El resultado fue un nuevo fracaso y un argumento más para quienes creen que el CIS no busca precisión, sino influencia.
El historial reciente del CIS de Tezanos refleja una línea clara. Muchos errores, muchos debates y un deterioro creciente de su imagen pública.